ORGANISMO CRISTALINO LÍQUIDO Y TERAPIA NEURAL

Hacia una termodinámica de la complejidad organizada.

 

Dr. Jorge Kaczewer  (médico neuralterapeuta) – con la colaboración del Dr. Roberto Castro (médico de animales neuralterapeuta) – Argentina

 

 

“Estas son las medicinas de una ciencia que todavía nos falta descubrir”.

Richard Grossinger, 1980.

(Medicina Planetaria)

 

“Enfrentamos el reto de buscar conductores de memoria que transporten información según el lugar en que se encuentren y según su propia estructura cuántica molecular. Esos sistemas de transporte son los cristales líquidos. La pregunta a hacernos es el papel que juegan los cristales de procaína en este proceso sistémico de memoria fluyente. Hay pocos estudios al respecto pero allí tenemos un gran campo de investigación”.

Julio César Payan de la Roche, 2003.

(Terapia Neural: el futuro – Encuentro Mundial de Terapia Neural y Odontología Neurofocal)

 

 

Comencé este trabajo tras escuchar al doctor Payan mencionar por primera vez en el congreso mundial del 2003 en Bogotá (1) el vínculo entre cristales líquidos y TN. Llevaba un año conduciendo en la Universidad Maimónides de Buenos Aires la Unidad de Terapia Neural del Departamento de Medicinas Complementarias e Integrativas fundado por el recientemente fallecido doctor Ignacio Fojgel, a quien muchos de los presentes conocieron. Trabajábamos bajo la constante presión del establishment médico que consideraba que la TN carecía de fundamento científico. Para colmo, mi bagaje curricular era políticamente insuficiente. Nunca me preocupé por juntar diplomas. Pero ahora estaba haciendo TN en un hospital universitario y me exigían explicar “la ciencia detrás de esta medicina”. No les importaba que en nuestro consultorio externo los pacientes mejoraran.

 

Poco después de aquel congreso, conozco en Montevideo, Uruguay, a Mae-Wan Ho, genetista y bióloga molecular china que dirige en Inglaterra el Instituto de Ciencia en Sociedad, institución independiente dedicada a denunciar los peligros del uso irresponsable de la tecnología transgénica. Ella llevaba varios años estudiando la naturaleza cristalino-líquida de los seres vivos y acababa de publicar su libro “El arco iris y el gusano” (2), un replanteo actualizador de la biofísica y una síntesis de hallazgos y concepciones acerca de la intercomunicación y autoorganización biológicas, fruto del trabajo de investigadores independientes  excluidos y rechazados por la ortodoxia científica. Cuando apenas hojeé el ejemplar que la Dra. Ho en persona me obsequió, supe que volvería a casa pertrechado de mejores preguntas para continuar mi investigación.

 

¿Dónde estaba almacenada la memoria del traumático pasaje por 14 días de internación en terapia intensiva que atravesó Alicia, a consecuencia de la sepsis posterior a una histerectomía que intentó detener las severas hemorragias generadas por grandes fibromas? Me consultaba a sus 49 años, tras cuatro años de depresión, trastornos menopáusicos e hipotiroidismo detonados luego de esa cirugía. Su Fannenstil era una profunda grieta fibrosada de dos cm de profundidad, dos de altura y más de 20 cm de ancho. A la inyección de su tiroides y esta impresionante cicatriz, esta mujer respondió cayendo en cama durante tres días con altísima fiebre, y un sopor durante el cual revivió no sólo el proceso atravesado entonces sino que también “recordó” vívidamente las conversaciones, las oraciones y el contacto de las manos de su médico, que durante los 14 días se pasó varias horas sentado a su lado en la terapia intensiva.

 

Tras una semana me visita maravillada por su mejoría. No más sofocos, cansancio, angustia ni llanto.  Tuvimos tres encuentros más en los que sucesivamente fue recordando viejos eventos traumáticos o quirúrgicos luego de cada correspondiente tratamiento: luego de tratar un dolor en una várice en pierna izquierda, recordó  un severo traumatismo cefálico. Y tras una corona de cuero cabelludo y supra e infraorbitario, cedió totalmente una conjuntivitis crónica y revivió su cirugía de adenoides. Dos meses después de la última consulta, me llamó para compartir su bienestar, parte del cual respondía “a que pudo separarse  tras 14 años de una pésima relación matrimonial”.

 

Mejores preguntas… Hay 200 billones de células en nuestro cuerpo, conformadas por cantidades astronómicas de moléculas diferentes. ¿Cómo puede este enorme conglomerado de células y moléculas dispares funcionar tan perfectamente como un todo coherente? ¿Cómo pudo mi paciente  acceder a la energía con la que cambió el rumbo de su vida? Insistimos, ¿dónde quedaron archivadas sus irritaciones? ¿En el SNC, en el SNA o acaso fuera del ámbito neural?

 

 

 

La visión del organismo como red de canales de información propuesta por Payán en “Información, Entropía y Terapia Neural” (3) sugiere mecanismos de memoria adicionales a la engramabilidad del sistema nervioso autónomo y la participación del SNC. Este trabajo surge de la invitación que Payán nos hace  también en “Ciencia y TN” (4) a investigar la permanencia de irritaciones y nos conduce a un excitante planteo: la posibilidad de que el “campo interferente” sea un fenómeno que combine una fuerte participación extra-neural. Entonces, el SN podría no estar siendo nuestro principal interlocutor en el diálogo que con la Terapia Neural intentamos establecer con esa red de canales de información que es nuestro paciente, sino solamente un socio al 50%.

 

Esta investigación sugiere que el otro socio podría ser el sistema conformado por todas las proteínas del organismo que se comportan como cristales líquidos. De hecho, existe una continuidad dinámica y cristalino-líquida de tejidos conectivos (piel, huesos, tendones, ligamentos, cartílago y diversas membranas que cubren órganos principales y delimitan espacios internos)y matriz extracelular en conexión directa con el igualmente cristalino líquido citoplasma en el interior de cada simple célula del cuerpo. Los tipos de sustancias y tejidos que conforman este continuo cristalino líquido incluyen todos los principales componentes del organismo: los lípidos anfifílicos, las glicoproteínas, las integrinas y otras proteínas integrales de las fronteras celulares, el ADN de los cromosomas, todas las proteínas, especialmente las cito esqueléticas, las musculares, los colágenos y los proteoglicanos de los tejidos conectivos.

Trataremos de ver la forma en que la cristalinidad líquida confiere a los organismos su flexibilidad característica, su sensibilidad y capacidad de respuesta exquisitas, optimizando por ende la rápida y silenciosa intercomunicación que le permite al organismo funcionar como un todo coherente y coordinado. Adicionalmente, veremos que el continuo cristalino líquido provee interconexiones eléctricas sutiles que son sensibles a cambios en la presión, el pH y otras condiciones físico-químicas; en otras palabras, también es capaz de registrar (memoria tisular). Y que posee todas las cualidades de una conciencia corporal conformando un sistema de comunicación que podría quizás ser tan o más sensible a los efectos de la terapia neural que el sistema nervioso (5).

 

Antes de adentrarnos de lleno en este “nuevo mundo” del organismo cristalino líquido, les advierto que todo vestigio de nuestro apego a las bio-visiones mecanicistas que heredamos del industrialismo cartesiano atravesará una especie de terremoto. Veremos que la célula no esta ensamblada como un juego de nano-Mecano, y tampoco como interminables piezas de nano-Rasti o nano-Lego, lo cual depende así de muchas acciones mecánicas fragmentadas del tipo empujar-tirar, conducir-ser conducido y bloquear-desbloquear. Gerald Pollack, en su libro “Células, geles y las maquinarias de la vida: un enfoque nuevo y unificador sobre la función celular” (2001), propone que el hardware molecular en verdad existe, pero los mecanismos explicativos podrían estar totalmente errados. Especialmente si hacemos Terapia Neural, sentiremos el peso de la concepción de los biólogos moleculares que nos ha metido en un verdadero embrollo de innumerables engranajes y ruedas, puentes colgantes, receptores de membrana, canales, interruptores, transductores de señales, tornillos y tuercas moleculares engullendo energía como nuestros propios aparatos mecánicos, mientras todavía nos seguimos preguntando de dónde podría provenir toda esa energía.

Pero sobre todo, la visión del organismo cristalino-líquido nos brindará herramientas nuevas para entender mejor la exquisita sensibilidad de los seres vivos ante señales débiles, es decir, para imaginar más floridamente cómo se universaliza en el paciente el influjo de nuestra pequeña inyección de procaína, presentándose curaciones inexplicables. Esta amplificación de impulsos poco intensos hacia resultados macroscópicos tan sorprendentes justamente plantea la necesidad de renovar nuestra concepción termodinámica de la vida. Hoy ya sabemos que la mayoría de hallazgos de Prigogine son sólo aplicables a un grupo de sistemas sumamente restringido. En realidad, todavía no existe una termodinámica general de sistemas alejados del equilibrio y tampoco una teoría de la auto-organización (6).

Según Mae-Wan Ho, ninguna parte del sistema tiene que ser empujada o dirigida hacia la acción, ni sujeta a regulación mecánica y control. En vez de ello, la acción coordinada de todas las partes depende de la veloz intercomunicación a través de todo el sistema. Para Goodwin, el organismo es un sistema de “medios excitables” (7), o células y tejidos excitables capacitados para responder específica y desproporcionadamente (por ejemplo, no linealmente) a señales débiles gracias a la gran cantidad de energía almacenada, la cual puede entonces amplificar la señal débil hacia una acción macroscópica. Es en virtud de su autosuficiencia energética, por ende, que un organismo es un ser sensible –un sistema de partes sensitivas todas dispuestas para intercomunicarse, para responder y para actuar apropiadamente como un todo ante cualquier contingencia.

 

 

CRISTALES LÍQUIDOS: HISTORIA Y BIOQUÍMICA

Los cristales líquidos fueron descubiertos hace más de cien años (1888) por el botánico y químico austriaco Friedrich Richard Reinitzer (1857-1927), quien encontró que algunos compuestos orgánicos derivados del colesterol parecían tener dos puntos de fusión. Más específicamente, observó que al calentar los cristales de estas sustancias a 145° C, el sólido se transformaba en un líquido turbio; pero éste a su vez, se convertía en un líquido totalmente claro y transparente precisamente a 179° C. Reinitzer también realizó el proceso inverso y enfrió el líquido transparente observando que exactamente a las mismas temperaturas anteriores ocurrían las transformaciones opuestas. Vio además que los cambios observados iban acompañados de absorción o emisión de calor, dependiendo de si la temperatura aumentaba o disminuía y, asimismo, cómo el volumen del sistema cambiaba en forma abrupta (8).

Al poco tiempo de estas primeras observaciones (1889), el cristalógrafo alemán F. Lehmann descubrió que el líquido turbio intermedio entre los cristales y el líquido transparente poseía propiedades ópticas y una estructura molecular muy parecida a la de un cristal sólido, y acuñó el nombre de cristal líquido (9). Aun sin darse plena cuenta, lo que en realidad habían descubierto era un nuevo estado de la materia: las fases intermedias o mesofases, término acuñado por DeGennes en 1974 (10).

El químico Georges Gray, quien ha estudiado los cristales líquidos por muchos años, se refiere a éstos como “sistemas sensitivos afinables”, y como tales, resultan ideales para construir organismos (11). Ya se ha reconocido que todos los constituyentes principales de los organismos vivos pueden llegar a ser cristalino-líquidos. Estas distintas especies moleculares pueden constituir una multiplicidad de mesofases que pueden resultar fundamentales para la estructura y el funcionamiento biológicos en todos los niveles de la organización, desde procesar metabolitos en la célula hasta la determinación de los patrones durante el desarrollo, y el funcionamiento coordinado de organismos enteros.

 

Pero fue Joseph Needham (12) quien, en 1936, propuso que todas las propiedades del protoplasma pueden explicarse en términos de cristales líquidos. “…Los cristales líquidos, debe destacarse, resultan importantes para la biología y la embriología porque manifiestan ciertas propiedades que pueden ser consideradas como análogas a aquellas que manifiestan los sistemas vivos (modelos), pero debido a que los sistemas vivos en realidad son cristales líquidos…”

 

Propiedades de las mesofases

Las mesofases tienen propiedades de anisotropía óptica, eléctricas y magnéticas, además de propiedades mecánicas (13). Un cristal líquido fluye, se escurre y toma la forma del recipiente que lo contiene, de la misma manera que un líquido ordinario como, por ejemplo, el agua. Pero a diferencia de ésta, cuyas moléculas son relativamente simples y prácticamente esféricas, las moléculas de un cristal líquido son, por lo general, muy alargadas en forma de barra o aplanadas en forma de disco. Esta asimetría molecular tiene una consecuencia muy importante: los átomos dentro de la molécula se sitúan preferentemente a lo largo del eje de la molécula o bien en el plano definido por la molécula misma, dando lugar a una estructura molecular complicada.

 

Características electromagnéticas

 

Cuando dos moléculas se acercan entre sí, sus nubes electrónicas son las primeras en entrar en contacto y se repelen por tener cargas del mismo signo, de modo que a distancias comparables con las dimensiones moleculares mismas, las fuerzas intermoleculares son repulsivas y tienden a alejar a las nubes electrónicas y en consecuencia a las moléculas. Pero esta repulsión también produce el desplazamiento relativo de las nubes electrónicas con respecto a sus núcleos.

Como esto ocurre en cada átomo, en las moléculas alargadas el efecto neto podemos describirlo imaginando que la presencia de una molécula de cristal líquido produce una distorsión en la distribución de carga eléctrica de la otra molécula, de modo que la carga positiva neta de los núcleos queda separada una cierta distancia de una carga negativa de igual magnitud. Como es sabido, esta configuración de carga se denomina dipolo eléctrico, y a la línea que une ambas cargas se le llama eje del dipolo, que coincide entonces con el eje largo de la molécula. Así que podemos concluir que una molécula de cristal líquido induce la formación de dipolos eléctricos en las moléculas vecinas.

Sin embargo, es más fácil que la nube electrónica se desplace con respecto al núcleo positivo a lo largo del eje de la molécula que transversalmente a él —a lo largo del eje corto— aunque esto último también es posible, dependiendo de la estructura molecular. Ahora veremos a qué conduce esta formación de dipolos en todo el cristal líquido.

 

Formación de dipolos

Sabemos que cada configuración de cargas eléctricas crea un campo eléctrico E en el espacio que la rodea. La estructura espacial específica de cada campo (posición y dirección), es una propiedad de cada configuración de cargas, pero es precisamente a través de este campo como cada configuración ejerce fuerzas sobre otras cargas eléctricas.

En el caso del dipolo eléctrico, la estructura de este campo está representada por líneas de fuerza  y sus propiedades son tales que, si en la región ocupada por este campo se coloca otro dipolo, las fuerzas que produce el campo del primero obliga a que los dipolos se orienten contiguamente. Es decir, la mayor parte de los átomos de una molécula trata de situarse al lado de los átomos de otra, de modo que las cargas del mismo signo se sitúen lo más cerca unas de otras. El resultado neto es que así se genera una fuerza de atracción entre los dipolos.

Debido a la estructura de sus moléculas y, en especial, debido a la asimetría de las mismas, un cristal líquido adopta configuraciones altamente ordenadas. Aunque el mecanismo de interacción molecular descrito es básicamente el mismo que genera el orden en los cristales sólidos, no debe olvidarse una diferencia esencial entre ambos sistemas: en todo momento los cristales líquidos permanecen en estado líquido, lo cual implica que los centros de masa de sus moléculas no forman una red periódica sino que fluyen manteniendo el orden en la orientación común de sus ejes moleculares.

 

Propiedades ópticas de las mesofases

Hemos visto cómo la arquitectura molecular de los cristales líquidos favorece, a temperaturas y densidades moderadas, la aparición de una dirección especial a lo largo de la cual se orientan las moléculas alargadas y perpendicularmente a ella en las moléculas en forma de disco. La peculiaridad de este tipo de materiales es que la existencia de una dirección preferida afecta el comportamiento de los rayos luminosos en el material cambiando su intensidad, color y dirección de propagación. Por esta razón a esta dirección especial se le llama el eje óptico del material y es la causa de muchos fenómenos ópticos importantes.

Es necesario subrayar aquí que la existencia del eje óptico es un fenómeno colectivo que se da en forma espontánea en los cristales líquidos. Así, por ejemplo, si un rayo de luz blanca incide sobre el cristal líquido formando un ángulo con el eje óptico puede transformarse en luz de color al transmitirse a través del líquido pues la velocidad de la luz en el fluido depende de la dirección de propagación respecto al eje óptico. Pero, además de este cambio en el color, también puede ocurrir que el rayo saliente se divida en dos rayos luminosos cuyas intensidades relativas varíen dependiendo de la dirección del rayo incidente con el eje óptico. A este fenómeno se le llama birrefringencia.

Además los cristales líquidos tienen propiedades polarizantes de la luz y además su eje óptico cambia con facilidad frente a fuerzas externas básicamente electromagnéticas.

 

Clasificación de las mesofases

De acuerdo con el tipo de arreglos moleculares que pueden formar, el científico francés Georges Friedel (1922) clasificó los cristales líquidos en tres grandes clases: nemáticos, esmécticos ycolestéricos:

  1. Nemáticos

La fase nemática exhibe orden en la orientación de sus moléculas y al mismo tiempo desorden en la posición de sus centros de masa. Las moléculas pueden moverse lateralmente, girar alrededor del eje común o deslizarse paralelamente a él.

  1. Esmécticos

En contraste con los nemáticos, que son la fase más desordenada de los cristales líquidos, los esmécticos constituyen la fase más ordenada. Tienden a organizarse en capas planas paralelas entre sí, como las hojas de un libro pero con sus ejes moleculares perpendiculares a estos planos y paralelos entre sí. Éste es, por ejemplo, el arreglo de las moléculas en las capas superficiales de una pompa de jabón y es el que le proporciona la cohesión necesaria para formarse. De hecho, esméctico deriva del vocablo griego que designa una sustancia de propiedades similares al jabón.

Las moléculas de esméctico también pueden girar alrededor de la dirección común, pero no pueden hacerlo fuera de la capa en que se encuentran. En cada plano las moléculas pueden acomodarse en filas con diferentes grados de orden de posición de sus centros de masa. En el caso más ordenado se produce un arreglo regular muy parecido al de la red de un sólido, en el que hay orden y repetición en cada dirección.

  1. Colestéricos

Poseen una estructura molecular característica de muchos compuestos que contienen colesterol. Como en los esmécticos, las moléculas de colestérico también pueden acomodarse en capas superpuestas, pero con una diferencia crucial: los ejes moleculares se orientan en una dirección paralela al plano mismo de las capas. Más aún, esta dirección cambia ligeramente de capa a capa en virtud de la peculiar estructura molecular. Como consecuencia, el eje de orientación, al pasar de un plano a otro, describe una trayectoria helicoidal.

 

LOS CRISTALES LIQUIDOS COMO CANAL DE INFORMACIÓN

 

Roberto atiende tiempo atrás un canino macho pastor francés de 16 años de edad. El motivo de la consulta era ataxia de tren posterior, incoordinación y paresia, amen de un gran decaimiento y anorexia. Venía con tratamientos antiinflamatorios y diagnóstico de lesión de Haz de Gold y Bulrrach (conducción propioceptiva a nivel medular), y llevaba dos meses de tratamientos sin resultado.

En la anamnesis la dueña dice que nunca había tenido nada anteriormente y que la aparición del problema fue gradual. Se revisa la boca sin encontrar problemas. Roberto inyecta en zonas de Head lumbosacra y toracolumbar, y le indica que retire toda medicación. A la semana siguiente, el perro entra a la veterinaria subiendo las escaleras sin problemas y sin síntomas de incoordinación. La dueña, asombrada, dice que aumentó el apetito y mejoró el ánimo. Roberto le contesta que ya está bien y no habría que hacer nada más por ahora. La dueña del pastor francés insiste en que le repita las aplicaciones ya que se iban de vacaciones. Y al repetirlas (craso y asumido error), al otro día el animal no puede caminar y cuando lo hace es sólo en círculos, dejó de comer y sacude la cabeza, además de presentar nistagmo.

En el consultorio, Roberto profundiza la historia de vida del can y se entera que de chico tuvo muchas otitis, lo cual no se había mencionado en la primera consulta. Realiza segmento de ambos oídos, y aplica también en las alas del atlas tocando periostio. Siete días después el perro vuelve a la normalidad, camina bien, buen apetito, pero presenta otitis ceruminosas que son tratadas únicamente con alcohol boricado durante 15 días. Hoy, pasados 6 meses, el pastor no presenta ninguna sintomatología mas allá de la de llevar la carga de 16 años de vida.

Teniendo en cuenta que Roberto no inyectó procaína en ningún ganglio del vegetativo tanto en la primera como en la segunda consulta, nuevamente nos preguntamos dónde estaría almacenada la memoria irritativa de esas otitis a repetición.

 

El rol del colágeno

La clave para la función de intercomunicación de los tejidos conectivos yace en las propiedades del colágeno, que constituye hasta un 70% o más de todas las proteínas de los tejidos conectivos. Asimismo, los tejidos conectivos conforman la mayor parte del cuerpo de la mayoría de animales multicelulares. El colágeno es, por lo tanto, la proteína más abundante en el reinoanimal.

Existen muchos tipos de colágenos, compartiendo todos una secuencia repetitiva general del tripéptido X-Y-glicina, donde X e Y usualmente son prolina o hidroxiprolina (14). También comparten una estructura molecular en la cual tres cadenas polipeptídicas se hallan entreveradas en forma de triple hélice con el aminoácido compacto glicina en el eje central de la hélice, mientras que los aminoácidos voluminosos prolina e hidroxiprolina están cerca de la superficie externa.

En las formas fibrosas, las moléculas triple-helicoidales se agregan cola con cabeza y lado a lado conformando fibrillas largas, y manojos de fibrillas se ensamblan a su vez formando fibras más gruesas y otras estructuras tridimensionales cristalino líquidas más complejas. Algunos colágenos se estructuran formando membranas conformadas por una abierta malla cristalino líquida de moléculas.

Pero los colágenos no son simples fibras y compuestos de función mecánica.

Poseen propiedades eléctricas y conductivas que los hacen sensitivos a presiones mecánicas, pH, composición iónica y a campos electromagnéticos (15).

 

Agua asociada a proteínas

Las propiedades eléctricas dependen, en un alto grado, de las moléculas de agua ligadas dentro y alrededor de la triple hélice de colágeno. Estudios de difracción de rayos X revelan rodeando la triple hélice un cilindro de agua que se halla ligada a las cadenas laterales de hidroxiprolina mediante uniones de hidrógeno. Estudios de resonancia magnética nuclear y de espectroscopia infrarroja Fourier modificada (FTIR) han evidenciado ambos tres poblaciones de moléculas de agua asociadas al colágeno:

  1. agua intersticial: Ligada de forma muy firme en el interior de la triple hélice de la molécula de colágeno, e interactuando fuertemente con las uniones peptídicas de las cadenas polipeptídicas.
  2. agua ligada: correspondiente al cilindro acuoso más sueltamente estructurado sobre la superficie de la triple hélice.
  3. agua libre: llena los espacios entre fibrillas y entre fibras.

Típicamente, existe una capa de agua de alrededor de 4 a 5 moléculas de profundidad separando las triples hélices vecinas. Esta agua biológica es integral a la cristalinidad líquida de los colágenos (16) y otros componentes de la matrix extracelular, la “frontera” y el citoplasma celulares.

 

Conducción por salto de protones

La existencia de una red ordenada de moléculas de agua, conectada por uniones de hidrógeno, y entreverada con la matriz fibrilar proteica de los colágenos es capaz de apoyar una rápida conducción por salto de protones (por ejemplo: átomos de hidrógeno sin su electrón), los cuales constituyen cargas eléctricas positivas.

¿En qué consiste esta conducción por salto de protones? Si las moléculas de agua se hallan alineadas en una cadena paralela a las moléculas cristalino líquidas, con sus cargas positivas y negativas alternadas, o sea, si las moléculas de agua adyacentes están unidas por puentes de hidrógeno, entonces, puede ocurrir una conducción “por salto” de electricidad positiva. Esto involucra que la carga positiva del núcleo del hidrógeno – un protón – descienda rápidamente por la cadena como en una especie de cadena de margaritas, sin que el protón se mueva realmente. El protón libre asume el control vinculándose con el oxígeno de la primera molécula de agua en la cadena, creando un segundo protón libre que desplaza a su vecino por la cadena hasta que el último protón sale por el otro extremo (17).

 

El mecanismo usual de la movilidad protónica se denomina, en honor a quien “intuitivamente” lo describiera por primera vez en 1806, “mecanismo de Grotthus”, en el cual los protones van de una molécula de agua a la otra vía ligadura de hidrógeno. Este es un mecanismo similar al de la auto ionización, el mecanismo que hace que los iones (H+, OH+) se separen inicialmente (18).

La conducción por salto de protones en el colágeno ha sido confirmada por mediciones dieléctricas. La conductividad del colágeno aumenta fuertemente con la cantidad de agua absorbida (de 0,1 a 0,3 g /g de colágeno), relación estudiada mediante ecuaciones constantes cuyas variables son el contenido de agua y una función de la estructura fibrilar del colágeno (19), teniendo en cuenta que el nivel de hidratación normal del tendón es de alrededor del 65%.

Estos resultados sugieren que las cadenas continuas de moléculas de agua ordenadas reúnen sitios vecinos generadores de iones permitiendo así que ocurran saltos de protones. El alto valor de la exponencial muestra que estarían involucrados en la conducción por salto hasta 5 o 6 sitios vecinos. Sobre la base de estos hallazgos, se estima que la conductividad a lo largo de la fibra de colágeno es 100 veces más rápida que en la fibra nerviosa.

Estamos hablando de una forma de semiconducción en la materia condensada mucho más rápida que la conducción de señales eléctricas por los nervios. Y que, por ende, la sustancia básica de todo el cuerpo puede proveer un sistema de intercomunicación mucho más rápido y eficaz que el sistema nervioso. Inclusive, según la Dra. Ho, es posible que una de las funciones del sistema nervioso sea enlentecer la intercomunicación a través de esta matrix de sustancia básica. Los animales inferiores que no poseen un sistema nervioso son aún así sensitivos.

La conducción por salto es más rápida que la electricidad ordinaria que atraviesa un cable de metal, lo cual implica que los electrones se muevan realmente, y mucho, muchísimo más rápidamente que la conducción a través de iones cargados que difunden por el agua. Pero necesita tener cadenas de agua en un estado suficientemente ordenado y ciertamente las superficies de proteínas y membranas pueden imponerle al agua este tipo de orden. ¿Será que la influencia del campo electromagnético de los cristales de procaína tiene un efecto de ordenamiento de la red de proteínas cristalino-líquidas? Y, por ende, ¿será este desorden en las interacciones agua-proteína cristalino-líquida el asiento físico de las memorias irritativas?

En los últimos años, una legión de científicos se abocó a estudiar a fondo la relación entre el agua biológica y las superficies con las que interactúa, al punto de que hoy ya hablamos directamente de “agua interfacial” (20).

¿Qué rol juega el agua interfacial en la vida de un organismo?  Todos, tal como parece. El agua interfacial constituye alrededor de un 70 por ciento del peso de la mayoría de los organismos incluyendo los seres humanos, y se la denomina así porque, excepto la de grandes reservorios y conductos tales como la vejiga, el intestino, el estómago y vacuolas dentro de algunas células, raramente se halla lejos de la superficie de una membrana o de macromoléculas, tales como proteínas, ácidos nucleicos y polisacáridos como el almidón o el glucógeno.

Dentro de la célula, la concentración citoplasmática de proteínas es de 170 a 300 mg / ml, lo cual sugiere que entre 7 y 9 capas de agua (cubiertas de hidratación) cubren las superficies disponibles, correspondiendo a una distancia de 4 a 5 nm (nanómetro, 10-9 m) entre las superficies. Una fracción sustancial del agua se halla bastante cercanamente asociada (a una distancia de 0,5 nm a las proteínas, ácidos nucleicos, polisacáridos y ensambles de moléculas más pequeñas que conforman un organismo, y es esencial para su buen funcionamiento.

Hasta hace poco tiempo atrás, se pensaba que consistía en una a como máximo varias capas de moléculas de agua de grosor. Pero varios informes publicados en la década de los 90’sugieren que las superficies hidrófilas podrían extender su influencia hasta distancias mucho mayores desde la interfase. Según Zheng y Pollack (21), la influencia alcanzaría hasta 106 capas de agua.

Al mismo tiempo, la microscopía electrónica de alto voltaje y otras técnicas de medición físicas revelan que la célula es más un “estado sólido” que la “bolsa de enzimas disueltas” que generaciones de bioquímicos habían supuesto previamente (22). No sólo casi todas las enzimas se hallan ligadas a una intrincada “grilla microtrabecular” (GMT) , sino que también una gran proporción de metabolitos así como moléculas de agua están estructurados sobre las enormes superficies disponibles. Hoy se piensa que la GMT, además de cumplir variadas funciones vitales, podría constituir el verdadero “cerebro” celular. Incluso Stuart Hameroff ha propuesto un modelo de procesamiento informacional en el cual la GMT atravesaría “excitaciones coherentes”, lo cual generaría en conjunto con el agua interfacial y los iones presentes (en especial el calcio) un comportamiento holográfico, un verdadero “infoplasma”. Y si analizamos los componentes dela GMT, veremos que todas estas proteínas presentan un comportamiento “cristalino líquido”.

El componente arquitectónico básico de la GMT es la actina. Las células no musculares contienen actina en una cantidad del 5 al 10% de la proteína total, mientras que las células musculares contienen alrededor del 20%. La actina es convertida por el ATP de una molécula monomérica de libre rotación (G-actina; cerca de 4 – 6 nm de diámetro) a un filamento proteico polimérico helicoidal doble, estático y derecho (F-actina;  de hasta varias micras de largo). Pero muchas de sus propiedades surgen al combinarse la actina con una variedad de otras proteínas de la GMT: fimbrina (soporte estructural), miosina (contractilidad), talina, espectrina, vinculina, anquirina y fodrina (conexión con proteínas de membrana), calmodulina (mediación de efectos sobre la GMTdel calcio), proteína cobertora de actina (promueve estado “gel”) y profilina (mantiene estado “sol”).

 

 

La “red neuro-protónica”

A esta altura ya podemos ver que la naturaleza estructurada y orientada de las fibras cristalino líquidas de colágeno constituye un importante factor contribuyente a la eficacia de la intercomunicación. Cada tejido conectivo posee su característica orientación de estructuras fibrosas, las cuales se hallan claramente ligadas a los estreses y tensiones a los que está sujeto el tejido.

Esta misma orientación podría también ser crucial para la intercomunicación, y el tema merece una aclaración porque desde que las intervenciones electromagnéticas se utilizan para estimular la regeneración o la curación, existe una gran controversia respecto de los resultados. Parte del problema puede haber radicado en que las potencias de los campos electromagnéticos utilizadas fueron por lejos mayores que las de los campos endógenos. Otro factor importante que ha recibido poca atención podría ser la orientación del campo electromagnético aplicado respecto a la alineación de las fibras de colágeno en el sitio de la injuria. Si la orientación del campo es inapropiada, entonces la aplicación del campo externo probablemente no será efectiva, y podría aún retardar la recuperación.

 

En síntesis, cada fibra de la matriz viviente, tanto adentro como afuera de las células y su núcleo, se halla rodeada por una capa de agua ordenada que puede servir como un medio independiente de comunicación y flujo energéticos. Si bien los electrones fluyen por las fibras (electricidad), los protones pueden hacerlo por las capas de agua ordenada que las rodean. El fenómeno fue denominado “proticidad” por Mitchel en 1976 (24).

¿Acaso será esta proticidad la que permite que cada molécula esté informada del estado general del organismo entero, como plantea Lorenz Fischer en su extrapolación de los principios de termodinámica de Prigogine al ámbito de sistemas energéticamente abiertos no lineales como los organismos complejos (25)? Fischer sostiene en ese trabajo que la “autoorganización informativa básica se comporta como fractales a diferentes niveles pero auto parecidos: circuitos de regulación entretejidos, auto organizándose en el organismo, en sistemas orgánicos, en la célula, en organelos celulares, etc… No existen sistemas aislados, todos los circuitos de regulación están interconectados”. Tomando en cuenta que el sistema nervioso no llega al interior de la célula, y más allá de las sendas bioquímicas de regulación que transducen impulsos neurales a cambios intracelulares, ¿será posible que una red de “cables protónicos” constituya el equivalente fractal intracelular del sistema nervioso?

En los últimos años, la evidencia sobre la conducción por salto de protones a través de cadenas de moléculas de agua ordenadas surgió de diversas fuentes.  Ahora revisemos algunos hallazgos recientes que confirman la existencia de proticidad no sólo a través del agua adosada al colágeno extracelular, sino también a través de la frontera celular y dentro de la célula, llegando incluso al ámbito intranuclear.

 

Según los textos de bioquímica, los protones son transportados a través de las membranas biológicas por proteínas especiales de la membrana llamadas “bombas protónicas”.  Los protones bombeados cuesta arriba (hacia un estado de energía más alta), merced a una fuente de energía externa, tal como la oxidación de sustancias alimenticias, o la absorción de la luz del sol, vuelven cuesta abajo vía otra enzima también incluida en la membrana, la ATP-sintetasa, la cual utiliza la energía para fabricar ATP, intermediario universal energético que impulsa todas las actividades vivientes. Esta hipótesis “quimio-osmótica” le brindo un premio Nóbel al bioquímico británico Peter Mitchel, el primero en proponerla.

Se supone que los protones existen en solución a granel a ambos lados de la membrana, y que la diferencia en la concentración entre los dos compartimientos separados por la membrana es lo que impulsa la síntesis de ATP. Estudios estructurales sobre estas bombas protónicas realizados durante los últimos diez años demuestran que forman un canal a través de la membrana celular que es atravesado desde un lado de la membrana hacia el otro por una cadena de moléculas de agua vinculadas mediante puentes de hidrógeno (26).

 

Nanotubos, transporte de agua y cable protónico

El modelo de cadena de agua conductora de protones o “cable protónico” surgió a partir de una fuente adicional inesperada: estudios sobre nanotubos de carbono. Un nanotubo de carbono es una nueva forma de carbono descubierta en 1991 en la cual los átomos de carbono se ensamblan conformando un largo tubo fino. Tales tubos son típicamente de un diámetro de magnitud nanométrica, y su longitud podría ser de unos pocos micrones.  Científicos de los Institutos Nacionales de Salud de Maryland, y de la Universidad de Maine en los Estados Unidos simularon resultados experimentales en la computadora (27). Demostraron que un nanotubo conformado por una única pared de 1,34 nm de largo y 0,81 nm de diámetro se llenó rápidamente de agua del reservorio circundante, y permaneció ocupado por una cadena de cerca de 5 moléculas de agua en promedio durante todo el transcurso de la simulación que fue de 66 nanosegundos (un nanosegundo es 10-9s, lo cual constituye un extenso período en la vida de una molécula).

Este resultado fue sorprendente, porque el carbono no tiene una alta afinidad por el agua. Pero parece que al ingresar las moléculas de agua en espacios estrechos se restringe su distribución de energías, quedando por ende con una energía media más baja que la que tendrían en agua a granel, y por esto para el agua se torna energéticamente favorable el ingresar en los nanotubos.  Los enlaces del hidrógeno entre las moléculas de agua dentro del nanotubo se encuentran protegidos de fluctuaciones en el ambiente, y son mucho más estables. Las moléculas de agua no solamente penetran en los nanotubos, sino que también son conducidas a través de ellos.

¿Conducen protones estos canales llenos de agua?  La respuesta es que sí.  Si hay un exceso de protones en un extremo del canal, una corriente de electricidad positiva fluirá rápidamente hacia el otro, en menos de un pico segundo, una velocidad de alrededor de 40 veces mayor que la de la similar conducción protónica en el agua a granel, según Gerhard Hummer, el líder del equipo que realizó los estudios de simulación sobre nanotubos (28).

 

“Cables protónicos” a través de la frontera celular

La trama de agua ligada por enlaces de hidrógeno en los tejidos conectivos se halla realmente conectada con el agua ligada por puentes de hidrógeno en los canales iónicos  de la “frontera celular” que permiten a los iones inorgánicos entrar y salir de la célula. Existe, por lo tanto, un relacionamiento eléctrico entre las señales distantes y la matriz intracelular de cada una de las células del cuerpo, que conduce a cambios fisiológicos dentro de éstas, incluyendo a todas las células nerviosas. Este canal eléctrico de intercomunicación se suma y está acoplado a las interacciones de tensegridad mecánica de cada célula, como un continuo que siempre cambia como un todo. Cualquier deformación mecánica de la red de agua ligada a proteínas, automáticamente resultará en disturbios eléctricos y, a su vez, los trastornos eléctricos resultarán en cambios mecánicos.

Ejemplos de estas proteínas son la bacteriorodopsina, el pigmento cosechador de luz de la membrana púrpura perteneciente a una bacteria, y la citocromo-oxidasa que cataliza la última etapa de la oxidación de sustancias alimenticias en la membrana de las mitocondrias, en las cuales el oxígeno es reducido a agua por combinación con protones y electrones.

Y desde que la hipótesis quimio-osmótica fuese propuesta por primera vez, el químico R. J. P. Williams de la Universidad de Oxford (29) y otros posteriormente, sugirieron que los protones, más que acumularse en solución en el grueso del compartimiento celular, en realidad difunden a lo largo de la superficie de la membrana, más específicamente, en las capas de agua inmediatamente cercanas a la superficie de la membrana; quizás directamente desde las bombas protónicas como la enzima citocromo-C-oxidasa hacia la ATP-sintetasa incluida en la misma membrana.

 

 

LA “MEMORIA CRISTALINO-LÍQUIDA”

 

Wedensky replanteado

Si tomamos en cuenta los componentes de la unidad fundamental del SBP, entonces, ¿cómo podemos rever a la luz de lo expuesto hasta aquí el fenómeno de parabiosis? Podríamos tomar como ejemplo una úlcera cutánea de evolución tórpida. Al inyectar procaína en el extracelular de los bordes sanos de dicha herida, no sólo estamos obrando una influencia sobre las terminales del autónomo. También podríamos estar trabajando en forma directa sobre la red cristalino líquida de la matrix, o sea, sobre los colágenos, aminoglicanos y proteoglicanos presentes. ¿Tendrá la frecuencia probable de la procaína, de 50 Hz. (30), un efecto ordenador de las mesofases mencionadas? Ya sabemos que los anestésicos totales tienen un efecto disrruptor del salto protónico a través de cadenas de agua ordenadas alrededor de la red protéica cristalino-líquida, hecho confirmado por evidencias recientes de que los anestésicos actúan reemplazando y liberando agua ligada de proteínas e interfases de membrana, destruyendo por ende la red de enlaces de hidrógeno que puede apoyar la conducción por salto de protones (31). ¿Tendrá la procaína, como anestésico local, un efecto inverso?

¿Dispondrá entonces el organismo de mecanismos extraneurales para registrar focos de excitación? ¿Cómo funcionarían estos mecanismos no neurales de memoria?

Las proteínas en los cristales líquidos tienen movimientos coherentes porque, en primer lugar, las moléculas están alineadas, de modo tal que no todos los niveles de libertad de movimiento que las moléculas individuales presentan estarán a disposición en la mesofase de cristal líquido (32). Los movimientos proteicos involucran deformaciones vibracionales de ligaduras peptídicas, las cuales generarán ondas de polarización a lo largo de las proteínas, acompañadas por la conducción de protones en la cubierta de agua estructurada. Fröhlich (33) predijo que las vibraciones (o excitaciones) coherentes serían el resultado del bombeo metabólico en sistemas dieléctricos como los organismos, donde se presume interactuarán fuerzas electromagnéticas y electromecánicas. La cristalinidad líquida hace aún más probable que las excitaciones coherentes puedan ocurrir. Señales débiles de presión mecánica, calor o electricidad, podrían entonces ser fácilmente amplificadas y propagadas mediante una modulación de corrientes protónicas u ondas de polarización coherentes (34).

 

En  realidad, la trama de agua “hidrógeno-ligada” de los tejidos conectivos está vinculada a los dipolos de agua estructurada dentro de los canales o poros de la membrana celular que permiten ingresar o salir de la célula a los iones inorgánicos (35). Existe así un vínculo eléctrico directo entre señales distantes y la matriz intracelular, generando cambios fisiológicos dentro de las células, incluyendo neuronas y células gliales. Este canal eléctrico de intercomunicación existe además de, y acoplado con, las interacciones de tensegridad mecánica del continuo de tejido conectivo-matrix intracelular antes mencionado. Toda deformación mecánica de la red de agua ligada a proteínas resultará automáticamente en trastornos eléctricos y a la inversa, trastornos eléctricos resultarán en efectos mecánicos.

 

Memoria cristalino-líquida

Muchos estudios sobre la conformación (forma tridimensional) de la triple hélice de colágeno han mostrado que sus ínfimos detalles están correlacionados con actividades biológicas específicas (36). Las células son guiadas en su crecimiento y movimiento por el contacto con colágenos, y  sitios específicos son reconocidos por numerosas proteínas de la membrana celular. Las mutaciones que alteran las secuencias de aminoácidos del colágeno producen cambios sutiles en la conformación (37), los cuales se hallan asociados con enfermedades hereditarias, tales como la osteogénesis imperfecta, las condrodisplasias y el síndrome de Ehler-Danlos.

 

Los cambios en la conformación de la matrix cristalino-líquida producidos por trauma físico, dolor y otros trastornos van a alterar el agua ligada, y la enfermedad surgirá justamente en las porciones de la continuidad vibratoria en las cuales los flujos de información se ven restringidos. La matrix CL retiene así un registro de las influencias ejercidas sobre ella. Y cuando la virtual “sinfonía” de vibraciones atraviesa los tejidos, éstas son, a su vez, alteradas por la impronta de la información almacenada. Ya existe un cúmulo de evidencia que sugiere mecanismos concretos que avalan la hipótesis de la memoria cristalino-líquida.

Las conformaciones proteicas no son para nada estáticas. Todas las proteínas sufren una jerarquía de cambios conformacionales a lo largo de un rango de escalas temporales, y los colágenos parecen no ser una excepción. Las conformaciones son amontonadas en grupos de contenido energético casi idéntico, con barreras de muy baja energía entre miembros individuales del grupo, pero separados de otros grupos por barreras de alta energía (38). Cambios colectivos en la conformación (o transiciones de fase) pueden dispararse fácilmente, alterando a su vez la estructura cristalino líquida y la red de agua ligada, tal como lo documentaron estudios dieléctricos sobre cristales líquidos sintéticos (39). Como el agua ligada conforma conjuntamente con el colágeno un sistema global, tendrá un cierto grado de estabilidad, o resistencia al cambio. Esto constituye una memoria, la cual puede ser estabilizada ulteriormente por enlaces cruzados y otras modificaciones químicas de los colágenos.  La red conservará una memoria tisular respecto de experiencias previas, pero también tendrá la capacidad de registrar nuevas experiencias, ya que todos los tejidos conectivos, incluso los huesos, no solo están intercomunicándose y respondientes constantemente, sino que también sufren un recambio metabólico al igual que el resto del cuerpo. La memoria se halla dinámicamente distribuida por este sistema estructurado y los circuitos auto-reforzados de corrientes de protones a éste asociados, cuya suma total constituiría el campo corporal de CC.

Una posibilidad todavía más interesante es que el continuo cristalino líquido pudiese funcionar como un medio cuántico holográfico, grabando los patrones de interferencia que surgen de interacciones entre actividades locales y un campo globalmente coherente. Esto es exactamente análogo a la sugerencia de Laszlo (40) respecto de que el “campo punto-cero” del universo funciona como un medio universal holográfico, grabando las experiencias de todas las partículas, cada una de las cuales se halla sujeta a influencias desde el resto del universo así como también ocurre una retroalimentación desde las propias actividades de cada partícula sobre el medio universal. Dada la coherencia del organismo, entonces están dadas las condiciones para un almacenamiento cuántico holográfico de memoria en el continuo cristalino líquido corporal por sí mismo. La memoria holográfica en única por el hecho de que se halla distribuida globalmente y, sin embargo, puede accederse a ella y ser recuperada localmente. Ello captura un aspecto de la totalidad orgánica en biología del desarrollo que ha eludido completamente la comprensión mecanicista. Se trata de aquello que puede dar surgimiento al “sí mismo” subjetivo, o psique, que guía y regula todas las actividades vitales hacia un fin específico. Es posible que el desarrollo biológico esté basado en la misma memoria holográfica, de modo tal que la totalidad del organismo pueda ser engendrada localmente a partir de una célula germinal, a partir de la cual el organismo es a su vez recuperable.

 

 

En suma, las propiedades de este “sistema tisular tensegral matricial” que es una red de elementos tensionales (ligamentos, tendones, fascias y microfilamentos celulares) con elementos compresivos discontinuos (huesos y microtúbulos celulares) y que es capaz de generar y conducir vibraciones tales como ondas mecánicas o sonidos, llamados fonones, señales eléctricas, campos magnéticos, campos electromagnéticos, calor y luz (fotones), son:

  1. SEMICONDUCCIÓN
  2. PIEZOELECTRICIDAD
  3. CRISTALINIDAD LIQUIDA
  4. COHERENCIA
  5. HIDRATACIÓN ORDENADA
  6. CONTINUIDAD
  7. MEMORIA

 

 

 

LA TERMODINÁMICA DE LA COMPLEJIDAD ORGANIZADA

Prigogine ampliado

Sabemos que los organismos son sistemas abiertos dependientes del flujo de energía. La energía fluye hacia el interior junto con la materia, y los productos de desecho son exportados, conjuntamente con la energía gastada que va a conformar la entropía. Y esa es la forma en la cual, en principio, los sistemas vivientes pueden escapar a la segunda ley de la termodinámica. La segunda ley, como recordarán, encapsula la monótona y común experiencia de la vida cotidiana: de que todos los sistemas físicos se consumen, decayendo en última instancia hacia una homogénea desorganización cuando toda energía útil es consumida, siendo convertida en entropía. Entonces los organismos son anti-entrópicos, siempre y cuando estén vivos. No sólo mantienen su organización intacta, sino que también se las arreglan para disponer de gran cantidad de energía para sus actividades. Pero, ¿cómo hacen en realidad para lograr esta existencia antientrópica? ¿Cómo sería una descripción termodinámica de los organismos?

Para que la organización viviente pueda beneficiarse del flujo de energía, debe poseer algún medio que le posibilite capturar y almacenar la energía, para elevarla por sobre el equilibrio termodinámico. La Tierra puede capturar la energía solar a través de la clorofila de los vegetales. Y las plantas tienen una impresionante red metabólica que les permite almacenar la energía no sólo para la propia utilización, sino también para pasarla a los otros organismos en la cadena alimenticia. El ecosistema completo de nuestro planeta es un gran depósito de energía mantenido lejanamente al equilibrio termodinámico.

Ya hace varias décadas que Schrödinger (41) se hacía estas preguntas, al plantear su “neguentropía”. Pero esta no es entropía con signo negativo, tal como a veces hoy se considera, sino “energía libre”. No sólo describe la capacidad del organismo de evadir los efectos de la producción de entropía (Segunda Ley), sino justamente lo opuesto, su capacidad para aumentar la organización.

 

Pero la clave para comprender la termodinámica de los organismos no es el flujo de energía ni su disipación, sino el almacenamiento de energía bajo condiciones de flujo de energía (42).  El flujo de energía es inconsecuente a menos que la energía sea atrapada dentro del sistema donde circula, para conformar estructuras para el almacenamiento de energía, y para realizar un trabajo antes de ser disipada. Un organismo surge cuando el bucle de energía circulante de algún modo se cierra sobre sí mismo para dar un ciclo vital que se reproduce y regenera, dentro del cual la energía es movilizada, permaneciendo almacenada mientras es movilizada. La energía es introducida hacia complejas cascadas de procesos cíclicos acoplados dentro del sistema antes de que le sea permitido disiparse hacia el exterior. Estas cascadas de ciclos abarcan la totalidad de la gama espacio-temporal de lento a rápido, desde local hasta global, lo cual, todo en conjunto, conforma el ciclo vital.

Cada ciclo es simplemente un dominio de almacenamiento de energía coherente. La energía coherente es energía que puede realizar un trabajo porque toda ella va y viene junta. Los ciclos dentro del ciclo vital están todos interrelacionados de un modo muy especial, de manera tal que alimenten el flujo energético unidireccional. El tiempo de residencia promedio para la energía es, por lo tanto, una medida de la complejidad organizada del sistema. Que los procesos vivientes se hallan organizados en ciclos es intuitivamente obvio ante una revisión causal de los diagramas metabólicos. Además de los ciclos prominentes tales como el del ácido tricarboxílico y el de la ínter conversión cíclica de ATP/ADP, NADH/NAD y otros intermediarios redox, muchos ciclos y epiciclos más se hallan entrelazados en la red metabólica.

Los organismos pueden aprovechar dos diferentes maneras para la movilización de energía con máxima eficiencia: la transferencia de no-equilibrio, en la cual la energía almacenada es transferida antes de ser termalizada, y la transferencia de casi-equilibrio, que es suficientemente lenta como para permitir que todas las energías termalizadas, incluso otras en intercambio, se equilibren, para lo cual el cambio de energía libre se aproxima a cero, en concordancia con las consideraciones termodinámicas convencionales.

En virtud de que todas las modalidades de actividad están emparejadas  conjuntamente, el ingreso de energía hacia cualquier modo puede ser fácilmente compartido o deslocalizado por todos los modos, e inversamente, la energía proveniente de todos los modos puede ser concentrada en cualquiera de estos. Otra forma de expresar lo mismo, sería que la energía de cualquier punto puede esparcirse a través de todo el sistema, o tornarse concentrada en cualquier punto desde la totalidad del sistema. En términos técnicos, el emparejamiento de energía en el sistema viviente es simétrico.

El emparejamiento simétrico de energía y los flujos cíclicos son ambos predichos a partir de la termodinámica del estado estable, en la forma, respectivamente, de la relación de reciprocidad de Onsager y el teorema de Morowitz.

La relación de reciprocidad de Onsager es una constatación sobre la simetría en un sistema de múltiples flujos lineales acoplados bajo fuerzas conjugadas. El teorema de Morowitz afirma que el flujo de energía a través del sistema desde una fuente hacia una pileta conducirá hacia al menos un ciclo en el sistema a estado estable –el estado al cual se mantendrá un equilibrio global- siempre que la energía sea atrapada y almacenada dentro del sistema. Este teorema constituye el único intento de evidenciar ciclos en el sistema viviente, implicando que el estado estable debe abrigar procesos no lineales. También implica que el estado estable necesariamente viola el principio de la reversibilidad microscópica, el cual, tal como originalmente discutiese Onsager, es un principio extraordinario aún para el equilibrio termodinámico.

La relación de reciprocidad de Onsager ha sido extendida para el régimen lejano al equilibrio para sistemas conteniendo muchas enzimas trabajando conjuntamente por Rothschild y col. en 1980 (43), y, más recientemente, por Sewell en 1991 para sistemas cuánticos “infinitos” (o suficientemente grandes) (44). Sin embargo, la validez y el basamento teórico para extender la relación de reciprocidad de Onsager a los sistemas biológicos todavía están en debate en el seno de la comunidad de bioquímicos.

Mae-Wan Ho cree que alguna forma de la relación de reciprocidad de Onsager de hecho se da en los sistemas vivientes si se trata de justificar por un lado la rápida movilización de energía –el hecho de que podamos disponer de ella a voluntad- y, por otro lado, para las relaciones lineales entre flujos de estado estable y fuerzas termodinámicas por fuera del rango de equilibrio, lo cual  en realidad es observado en muchos sistemas biológicos (45).

De acuerdo con el bioquímico Rothschild y sus colaboradores, la linealidad en procesos biológicos puede darse en enzimas operando cerca de un “punto multidimensional de inflexión” (por ejemplo, un mínimo o máximo local) muy lejos del equilibrio termodinámico, si algunas de las constantes de tasa de diferentes reacciones están vinculadas. Eso sucede en la práctica en sistemas vivientes de los cuales hoy se sabe que poseen flujos altamente organizados en la matriz citoplasmática debido a su compartimentación y micro compartimentación. El físico teórico Geoffrey Sewell (44), por otro lado, muestra como la relación de reciprocidad de Onsager es aplicable a combinaciones de fuerzas y flujos linealizados localmente, las cuales aún así se comportan globalmente de forma no lineal. Nuevamente, eso es relevante para el sistema viviente, donde los compartimientos y micro compartimientos aseguran que muchos procesos puedan operar localmente a un equilibrio termodinámico a pesar de que el sistema o el subsistema como un todo se halla alejado del equilibrio termodinámico (46).

Como todos los procesos se hallan interconectados en la red metabólica a través de concatenaciones de espacio y tiempo, los efectos serán compartidos, o deslocalizados a través de todo el sistema, de modo tal que la simetría aplicará a combinaciones apropiadas de fuerzas y flujos en una escala espacio-temporal suficientemente macroscópica. De otro modo no cerraría la relación de reciprocidad de Onsager.

Entonces vemos que el organismo no es más que heterogeneidad organizada, con estructuras dinámicas anidadas a través de todas las escalas espacio-temporales. No hay homogeneidad alguna, ninguna fase estática mantenida a ningún nivel. Incluso una única célula tiene su forma y su anatomía característica, como ya vimos, y todas sus partes están en constante actividad. De forma similar, sus potenciales eléctricos y propiedades mecánicas están sujetos a cambios cíclicos y no-cíclicos a medida que ella responde a e interactúa con las fluctuaciones medioambientales. Espacialmente, la célula está particionada en numerosos compartimentos por infinidad de membranas y organelos, cada uno con sus propios “estados estables” de procesos que pueden responder directamente a estímulos externos y señales de relevo de otros compartimentos celulares. Dentro de cada compartimento, algunos microdominios pueden ser separadamente energizados para dar circuitos locales, y proteínas enzimáticas solas, o complejos de dos o más proteínas funcionar como “máquinas moleculares” que pueden realizar ciclos autónomamente sin una referencia inmediata respecto de su derredor.

Los procesos están también catenados respecto de ambos tiempo y espacio: los flujos transitorios extremadamente rápidos, o sea, pulsos fugaces de sustancias químicas o de energía, gatillados al recibir señales específicas, son propagados a dominios de tiempo más y más extensos de minutos, horas, días, etc., a través de procesos de enganche los cuales en última instancia cabalgan transgeneracionalmente.

Los procesos, más que constituir la “memoria” del sistema como podríamos pensar, son realmente proyecciones hacia el futuro en cada etapa. Determinan la forma en que el sistema responderá y se desarrollará en los tiempos por venir. Típicamente, series de múltiples actividades son iniciadas a partir del foco de excitación. Mientras el ensamble de cambios en la dirección positiva se está propagando, una serie de procesos de feedback negativo también se está esparciendo, lo cual tiene el efecto de apagar los cambios. Es necesario pensar en todos estos procesos cayendo en cascada en paralelo en muchas dimensiones de espacio y tiempo. En el caso de perturbaciones poco significativas para el cuerpo, tarde o temprano se restaura la homeostasis al pasar el trastorno. Por otro lado, si la señal es suficientemente significativa, una serie de eventos irreversibles llevan al organismo a un nuevo “estado estable” mediante el desarrollo o la diferenciación de nuevos tejidos. Incluso el organismo podría actuar para alterar su ambiente apropiadamente. El secreto de la “neguentropía” yace indudablemente en esta intrincada organización espacio-temporal. Pero, ¿cómo podemos describirlo en términos de la segunda ley?

Denbigh (47) define el estado estable como uno en el cual “los parámetros macroscópicos, tales como temperatura, presión y composición, tienen valores independientes del tiempo en cualquier punto del sistema, pese a la ocurrencia de procesos disipativos”. Eso es muy restrictivo como para poder ser aplicado al sistema viviente, el cual, como ya mencionamos, posee procesos emparejados abarcando toda la gama de tiempos y volúmenes de relajación.

Una formulación menos restrictiva –consistente con una “termodinámica de la complejidad organizada”- sería definir al sistema viviente, como una primera aproximación, como “un equilibrio dinámico en el cual los parámetros macroscópicos, tales como temperatura, presión y composición, tienen valores tiempo-independientes pese a la ocurrencia de procesos disipativos” (48). La definición de Ho omite significativamente la frase “en cualquier punto del sistema” basada en el hecho de que la homogeneidad microscópica no es crucial para la formulación de cualquier estado termodinámico, ya que los parámetros termodinámicos son parámetros macroscópicos bastante independientes de la interpretación microscópica.

Ho propone considerar al sistema viviente como una superposición de procesos cíclicos no-disipativos y procesos disipativos irreversibles, de modo tal que la relación de reciprocidad de Onsager sólo es aplicable para los primeros. En otras palabras, es aplicable a procesos emparejados para los cuales la producción neta de entropía es equivalente a cero.

Esto incluirá la mayoría de procesos vivientes sobre la base de la ubicuidad de los ciclos emparejados, para los cuales la producción neta de energía puede en verdad llegar a cero. Los ciclos son estados de retorno perpetuo, por lo que la entropía no se acumula, y tampoco se precisa generar entropía neta.

El principio de balance de entropía neta se refiere a la unidad de ciclo más pequeña en el sistema viviente –la catálisis enzimática- de la cual depende absolutamente toda la transducción energética orgánica. Durante los últimos treinta años, el especialista en química enzimática Rufus Lumry y sus colaboradores (49)  han demostrado convincentemente cómo la flexible molécula enzimática equilibra la entropía con entalpía para conservar la energía libre (energía coherente o almacenada, en el presente contexto) durante la catálisis, en concordancia con la relación para procesos isotérmicos. También es posible equilibrar la entropía positiva directamente con entropía negativa, como veremos enseguida.

En efecto, el organismo puede ser considerado como un dominio energético autosuficiente cerrado de procesos cíclicos no-disipativos acoplados a procesos disipativos irreversibles. En el formalismo de la termodinámica convencional, el ciclo vital, o más precisamente, el sistema viviente en equilibrio dinámico, consiste en todos los procesos cíclicos para los cuales el cambio de entropía neta es cero, acoplados a procesos disipativos necesarios para mantenerlo en marcha, para los cuales el cambio de entropía neta es mayor que cero (decimos “cambio de entropía” porque estamos midiendo la diferencia en la distribución de energía “después” de algún evento versus el “antes”).

En otras palabras, hay una compensación entrópica interna como asimismo conservación de energía coherente debido a la predominancia de procesos cíclicos emparejados y a la anidada organización espacio-temporal de los procesos. O sea que el sistema mantiene su organización (o estado de entropía negativa) mientras está metabolizando y transformando la energía. O mejor aún, somos sistemas cerrados llenos de energía almacenada, alimentados por un circuito abierto.

 

El principio de compensación entrópica interna

Según el teorema de producción mínima de entropía de Prigogine (50), la entropía exportada desde un sistema alcanza un mínimo, o se torna cero, a equilibrio termodinámico y a estados estables cercanos al equilibrio termodinámico. El teorema de Prigogine es consecuencia directa de la relación de reciprocidad de Onsager, válida en estados estables cercanos al equilibrio termodinámico. De hecho, Prigogine lo acuñó estudiando sistemas homogéneos donde todos los elementos de volumen son uniformes y se hallan localmente en equilibrio. Contrariamente, la compensación entrópica interna es aplicable a sistemas con heterogeneidad organizada –tales como organismos- de modo tal que la producción de entropía positiva en algunos elementos espacio-temporales puede ser compensada por flujos de entropía negativa en otros elementos. Alternativamente, flujos de entropía positiva en alguna dirección pueden ser compensados por flujos de entropía negativa en otras direcciones. Otra posibilidad es alguna forma de compensación de entalpía-entropía, como mencionamos antes en conexión con la catálisis enzimática, de modo tal que la energía coherente es conservada, sin que se genere entropía alguna. El sistema podría estar arbitrariamente muy lejos del equilibrio, siempre y cuando, en algún espacio-tiempo de interés suficientemente macroscópico, el equilibrio general es alcanzado, y la producción de entropía neta del sistema o bien desaparece o llega a un mínimo. El balance interno de producción de entropía significa que el sistema mantiene su heterogeneidad organizada u orden dinámico. Pero, en cambio, depende de que el flujo de energía sea simétricamente emparejado y cíclicamente cerrado sobre el sistema como un todo. En otras palabras, depende de la validez de la RRO en sistemas alejados del equilibrio termodinámico.

Mientras la mayoría de análisis termodinámicos corrientes ignoran la estructura espacio-tiempo, la “termodinámica de la complejidad organizada” aplicada a sistemas vivientes depende de la heterogeneidad espacio-temporal, la cual permite una “libre” variación de estados microscópicos dentro de limitaciones macroscópicas. Por ende, los criterios de estabilidad que se apliquen para el sistema como un todo no necesitan ser satisfechos por elementos espacio-temporales individuales.

Volviendo al tema de la neguentropía de Schrödinger, un concepto clave para comprenderla es el de la “criticalidad auto-organizada” exhibida por grandes sistemas interactivos y dinámicos (51) que se organizan en un estado “critico” globalmente correlacionado y lejano al equilibrio. Este estado crítico es altamente sensible, de modo que un pequeño evento local puede conducir a grandes “avalanchas” de actividad esparciéndose por todo el sistema, cuando la autosimilaridad en las actividades ocurre a lo largo y ancho de todo el espectro de escalas espacio-temporales.

Esta teoría afirma proveer una explicación natural para una cantidad de fenómenos intermitentes geofísicos, incluyendo terremotos, erupciones volcánicas, llamaradas solares, ruido en circuitos electrónicos, económicos y patrones de extinción de especies en la evolución. El paralelismo con el panorama del sistema viviente que estamos describiendo es sorprendente. Y lo es mucho más con las “milagrosas” reacciones de nuestros pacientes al recibir nuestras “pinceladas” neuralterapéuticas. Este mismo estado también puede ser descripto en términos del “estado de coherencia cuántica” o estado “puro” en el cual todas las posibilidades están superimpuestas e inmediatamente accesibles (52).

En palabras de Mae-Wan Ho, la “neguentropía”, como energía movilizable almacenada en un sistema estructurado espacio-temporalmente, puede comprenderse intuitivamente de la siguiente forma: En un sistema en equilibrio, la energía es fijada, lo cual a su vez fija la población de niveles de energía característica de la temperatura del sistema. En un sistema alejado del equilibrio como el organismo, la energía es almacenada en todos los dominios espacio-tiempo. Para una temperatura dada, la energía almacenada ya no es fijada, sino que a través del emparejamiento eficiente, es transferida a dominios espacio-temporales aún mayores (comenzando a partir del fotón atrapado en la fotosíntesis, o la energía en la comida) hasta que todos los dominios característicos son igualmente poblados. Esto implica que el organismo en sí mismo no tiene niveles preferidos, atravesando sus actividades desde lo “cuántico” a lo “clásico”, desde lo “microscópico pasando por lo “mesoscópico” hasta lo “macroscópico” en un cuasi-continuo de patrones auto-similares.

Esta formulación termodinámica del organismo propuesta por Ho es coincidente formalmente con otras representaciones de la organización viviente como las del concepto de la vida como “autopoiesis” de los biólogos teóricos Maturana y Varela, de los químicos teóricos Eigen y Schuster y su hiperciclo de síntesis protéica dirigida por ARN que dirige a su vez la polimerización del ARN y la del cierre catalítico de la formación polipeptídica en el origen de la vida del biólogo teórico Kauffman. Sin embargo ninguna de estas representaciones se basa en principios físicos, termodinámicos, como la de Ho. La visión de esta bióloga molecular y genetista ofrece insights físicos importantes que trascienden lo meramente biológico siendo relevantes también para ecosistemas y para sistemas económicos sustentables. Provee imágenes acerca de la naturaleza anti-mecanicista de los organismos. Los sistemas mecánicos funcionan merced a una jerarquía de controladores y controlados que restaura el sistema a puntos de partida. Uno puede reconocer semejantes sistemas mecánicos en las instituciones predominantes en nuestra sociedad. Son antidemocráticos y no participativos. Los patrones toman decisiones y los obreros trabajan, y entre los extremos están los directores de “línea” retransmitiendo a la “cadena de mando” unidireccional.

Los sistemas orgánicos, en contraste, son verdaderamente democráticos, y trabajan mediante la intercomunicación y una total participación. Todos trabajan y prestan atención a cada uno de los demás. Cada uno es simultáneamente patrón y obrero, coreógrafo y bailarín. Todos controlamos y somos sensibles y respondientes al control de los demás. No hay puntos de partida a los cuales el sistema debe retornar. En lugar de ello, los organismos viven y se desarrollan momento a momento, libre y espontáneamente. Y todo esto es consecuencia de la energía almacenada, ayudada y asistida por las especiales propiedades cristalino-líquidas de la materia viviente.

Yo me siento parte de un sistema así, al pertenecer a la familia neuralterapéutica… ¿Ustedes también?

 

REFERENCIAS

 

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