Seducidos por pastillitas de colores  de efecto instantáneo, diariamente un sinnúmero de pacientes es privado de su salud y su dinero por médicos que dicen ser “homeópatas”.  Haría falta una legislación efectiva y mucha más información pública para frenar las acciones criminales de estos…

PRESCRIPTORES DE MUERTE

Jorge Kaczewer entrevista a Alejandro Carrá

 

EL ENTREVISTADO.     Médico toxicólogo fundador en el Hospital de Clínicas del Laboratorio de Drogas, ha creado un grupo de trabajo en el mismo para ayudar a la gente a dejar de fumar. Además, médico asistencial del Hospital Ramos Mejía en todo lo referente a emergencias toxicológicas, integrante del IMIN (Instituto Municipal de Investigaciones), y miembro del Instituto de Investigaciones Médicas Municipales de Barcelona y de la Asociación Internacional de Toxicólogos Forenses, se desempeña en empresas privadas que se dedican a la asistencia de emergencias, donde se hace cargo de la parte toxicológica. Hoy en día, ejerce su especialidad en España.

 

 

¿Te llegan a menudo a la consulta pacientes que recurrieron a falsos homeópatas?

El término “falso homeópata”  creo que involucra aproximadamente al  75 % de las consultas que hoy se dicen homeopáticas en Buenos Aires. Algunos de esos médicos son verdaderos homeópatas en cuanto al título, pero no lo son en cuanto al objetivo médico natural de la homeopatía. Puede decirse que es una consulta muy requerida, con muy buenos intereses económicos de por medio. Es una especialidad muy fácil, muy cómoda, muy accesible, y también muy falta de responsabilidades, ya sea por el sistema de  comercialización de sus fórmulas farmacéuticas, ya sea por sus cobros, ya sea por la dificultad de comprobación legal de la responsabilidad médica en cuanto a la medicación que se da.

Lo que pasa es que la sociedad está muy requerida de medicaciones que la estimulen, que la aceleren o la depriman, o que le den de hoy para mañana lo que realmente necesitan. Tales son las formulaciones, por ejemplo, de recetas magistrales donde la persona lo que busca es bajar de peso de manera veloz. Y realmente lo consigue, pero lamentablemente las secuelas son muy graves, no sólo por el grado de depresión sensorial, de  excitación sensorial, del disbalance hormonal, del disbalance de su medio interno, sino porque también lo fascinante (y lo principal) de esta situación es que los pacientes se ven de alguna forma subyugados y fascinados por el objetivo logrado en tan poco tiempo. Entonces, la persona que tiene como objetivo tan importante el  bajar de peso –aun a costa de perder agua y todo lo que ello implica– tiene una mentalidad que resulta muy difícil de revertir, por más que uno pretenda dar fundamentos verdaderamente terapéuticos diciendo y enseñando que “no hay cenas gratis”, y que de alguna forma hay que tomar muy con pinzas las soluciones instantáneas mediante las medicaciones.

 

 

 

¿La mayoría de esas recetas magistrales tienen anfetaminas en su composición?

Prácticamente todas tienen. Las recetas magistrales que están destinadas a bajar de peso, a mejorar la conducción, a mejorar el estado psíquico de la persona –porque realmente no se dan únicamente para bajar de peso, sino que se dan también para pacientes que en algunos casos han llegado a ser pacientes diabéticos, que tienen una depresión del sensorio, que tienen una astenia muy marcada, que tienen una condición psicomotríz enlentecida– entonces estos “homeópatas”, o mejor dicho, falsos homeópatas (que en algunos casos atienden en forma rotatoria o ambulatoria, en domicilios en los cuales están no más de seis meses) son “homeópatas” que de alguna forma mejoran durante un momento la condición psíquica del individuo, pero no así la física. Porque el individuo andaba prácticamente deplecionado, totalmente asténico, totalmente agotado, y de pronto, de la noche a la mañana, “con el tratamiento que me dio el doctor comencé a mejorar y a los seis meses me muero de un infarto”. La condición orgánica se agrava de modo tan marcado, que no se le encuentra una relación directa “a la medicación que me dio el doctor; porque la medicación que me dio el doctor de entrada me hizo muy bien, me activó el cerebro, me activó las ganas de moverme, de levantarme a la mañana, pero me desactivó todo lo que fuese una situación de buena circulación sanguínea, de buena oxigenación cardíaca; entonces  se me sumó a mi problema de diabetes, por ejemplo, a mi isquemia de la diabetes, el problema de isquemia causada por las anfetaminas”.

 

¿O sea que salieron de las farmacias las anfetaminas tradicionales, pero se siguen vendiendo para fórmulas magistrales?

Y en forma indiscriminada.

 

La única accesible en farmacias hasta ahora es el “Tamilán”, o sea,  la Pemolina.

Que es prima hermana de la M.D.M.A. (éxtasis).

 

Pero, ¿cuáles son las que se venden en estas fórmulas; son las viejas metanfetamina, etc.?

Son las viejas (no hay ninguna nueva), que además se suman a las medicaciones también muy antiguas como el Diazepam (Valium), como los catárticos, la fenolftaleína, como los diuréticos, Lasix. Todo esto forma parte de fórmulas que conviven en un mismo comprimido –atractivo en cuanto a que da la impresión de ser algo artesanal, y que realmente es artesanal, porque para la fabricación de esto no se necesitan cantidades de dinero: se compra un pastillero, que es un compresor de polvos, se hace la mezcla a discreción si se quiere, y se empiezan a producir. Hay algunos pastilleros bastante modernos que les dan a las pastillas forma de comprimidos antiguos, produciendo aproximadamente unas dos mil pastillas por hora, lo que hace unas 48.000 pastillas al día. Y de pronto, si se considera que el costo de cada pastilla es la seiscientava parte de lo que se vende al paciente, las ganancias son infernales.

Entonces, como también es muy interesante la situación porque el paciente logra en forma inmediata lo que pretende (pérdida de peso, pérdida de volumen corporal, estado vigil permanente y magnificado, una situación psíquica de aceleración), la persona realmente considera que está en el mejor momento de su vida, y así menosprecia muchas cosas, como es la consecuencia orgánica a corto plazo. Y en realidad no hace más que hipnotizarse con su terapeuta transitorio o, en este caso, falso homeópata. Realmente las fórmulas no difieren en su composición: las drogas son siempre las cuatro o cinco estándares y lo único que varía es su combinación. Para lo cual tienen visitadores médicos especializados que van a ver al médico y le proponen tener un consultorio a bajo costo en un barrio. Mejor dicho, sin costo, sino encima con ganancias. Visitan a un médico recién recibido, que a partir de ese momento pasa a ser también “homeópata”, le proveen digamos de toda una infraestructura laboral, les proveen de toda una infraestructura humana de pacientes y, además, con la facilidad de tener un vademécum muy limitado, muy corto.

 

 Inventan productos recombinando las distintas drogas.

Efectivamente, y además, para desviar las investigaciones, periódicamente una misma droga pasa a tener distintos nombres. Entonces este médico, que responde a un laboratorio X, a una cadena de farmacias X, periódicamente recibe la visita de un visitador médico, exclusivo para ellos, que le dice: “La receta número seis, que tenía tal, tal y tal composición, ahora se debe confeccionar con los nombres tal, tal y tal”. Entonces lo único que hacen es mantener la misma medicación con distintos nombres. Ésa es la realidad que se ve en este momento.

 

Hablemos de los preparados para adelgazar. Contame un poco de los preparados seudohomeopáticos que se suelen hacer para la depresión.

En el caso de las depresiones, prácticamente no utilizan ninguna droga de diseño químico evolucionado, sino que por lo general utilizan -que es el problema- volúmenes indiscriminados de drogas básicas con probada eficacia en su volumen terapéutico. Pero como ésta es una modificación que se da de un día para el otro, prácticamente hay una fascinación en el paciente y éste  cree que es la mejor administración en cuanto a volumen y en cuanto a frecuencia. Pero el Hipericum, que es una planta medicinal que se utiliza muy frecuentemente en homeopatía para la depresión, también es utilizada por ellos aunque en volúmenes totalmente altos y, lo que es peor, sin seguimiento próximo. Porque en muchos casos las recetas se repiten a través de una solicitud de fax y, por la misma vía, sin haber revisado al paciente, a éste le llega la respuesta de cómo administrársela. Y el tema es que la gente se la pide a su “homeópata” a través del fax, porque él lo que hace es directamente un expendio de la medicación que le pidió su paciente. El médico (de algún modo hay que llamarlo) va archivando el fax para pasárselo al laboratorio, y el laboratorio así tiene la receta como si la hubiera hecho el médico, pero en este caso la hizo el paciente. Tiene la receta, la reproduce químicamente y la distribuye a través de un sistema de motos o a través de una red de jubilados.

¿Qué quiere decir esto?: muchas veces un paciente va a visitar a su médico “homeópata”; éste le cobra la entrada, le cobra prácticamente la consulta al principio, y el médico mismo le dice: “Bueno, cuando salga dele a mi secretaria esta receta que en dos días le va a llegar la medicación a su casa”. Entonces, qué pasa: de esa forma, cuando el paciente sale del consultorio, le paga a la secretaria el pedido de una medicación que él le expendió adentro; la única responsabilidad que existe, después de la entrada de él, es la receta con la cual se queda su secretaria. Pero qué pasa: no es él sino la secretaria quien toma el cobro de la medicación que él le está vendiendo. Entonces la secretaria, dado el caso, de ser necesario, puede desaparecer del medio y el médico puede aducir que la secretaria responde a un laboratorio o a una farmacia y que él no tiene conocimiento del caso. El mecanismo es así: la secretaria remite la receta (expendida por el doctor cinco minutos antes) ya sea nuevamente al médico y el médico al laboratorio, ya sea directamente al laboratorio. A su vez el laboratorio utiliza una moto que la recibe y le abre la puerta. Ella no sabe de dónde viene el servicio de moto o, en el mejor de los casos, se utiliza un jubilado para la distribución de la medicación. De este modo nadie tiene en realidad responsabilidad directa sobre el sistema por si en algún momento las papas queman. Y lamentablemente es muy frecuente que las papas quemen.

 

¿Es realmente muy frecuente que las papas quemen?

Sí, es muy frecuente. Cuando mueren los pacientes y cuando hay alteraciones del medio interno y sobre todo alteraciones de tipo tiroideo en cuanto al uso de anfetaminas. Este tipo de medicación es muy utilizado por gente del ambiente artístico que necesita mantener dos o tres shows de mucha vigencia por noche; por bailarinas de shows de teatros de revistas que necesitan estar con mirada lúcida, radiante, brillosa, pupilas dilatadas, sin cansancio, totalmente denegadas, o sea sin retención de líquido. Y su desintoxicación es bastante tortuosa, porque realmente vuelven a perder la estructura física de la cual se habían enamorado y que habían conseguido en poco tiempo. Vuelven a retener líquidos de una forma innatural, inmoderada por el desequilibrio orgánico al que estaban sometidas y por la adicción que han tenido al químico este. Y por otro lado vuelven a tener alteraciones de la esfera psíquica –en forma directa por el efecto de la anfetamina o en forma indirecta como efecto de la anfetamina sobre la tiroides. Esta situación las mantiene prácticamente con el carburador abierto y llegan a producir alteraciones en el funcionamiento homeostático de la tiroides. Qué pasa: cuando las papas queman, buscar un responsable es realmente muy difícil porque el responsable está cubierto desde el punto de vista legal; nada consta, nada existe, solamente lo que dice un paciente… en el caso de que lo pueda decir o expresar.

 

 Generalmente está en coma ¿no?…

O a veces responde a través de su médico forense, que es la otra forma en que se puede saber qué es lo que se dio, en qué volumen se dio, cómo se dio, y cuánto se dio, pero no se puede saber realmente quién se lo dio.

 

Y estadísticamente, ¿es significativa la cantidad de autopsias que se hacen de pacientes que recibieron estos medicamentos?

No, porque en todo esto la medicina todavía no ha avanzado mucho. Es decir, todas estas muertes quedan tapadas no solamente por la tierra sino también por la falta de individualización del responsable. Por lo general, en el caso de los viejitos diabéticos que “anduvieron muy bien con la medicación que le dio el doctor”, como la alteración orgánica no se produce inmediatamente, no se hace responsable a ese médico de su tratamiento. De lo único que sí se hace responsable al doctor es del mejoramiento psíquico de-la-noche-a-la mañana debido a esa medicación. La gente, que en general no lo sabe ni tiene por qué saberlo, no relaciona el perjuicio secundario orgánico a  mediano plazo de las alteraciones –por ejemplo, de alteraciones de la circulación en órganos tan fieles como son el cerebro y el corazón. Entonces siempre se aduce como causa de muerte la enfermedad prevalente previa a la consulta a este tipo de “homeópatas”. O se aduce una situación de defunción natural, que de defunción natural tiene mucho pero tiene más de responsabilidad de recortar los tiempos de vida o sobrevida de un paciente. Entonces, por falta de información, la gente no sabe realmente quién es el responsable.

Las anfetaminas en el mundo moderno, en el primer mundo, son las drogas de mayor venta dentro del circuito legal. De alguna forma, las anfetaminas son las drogas de elección en países como Japón, como Francia, como España, como Norteamérica también. Las anfetaminas tienen un requerimiento sociocultural muy importante, muy fuerte. En cierta manera responden a los requerimientos del mundo moderno. Y cuando el organismo normal no alcanza a rendir lo que el requerimiento socioeconómico de este mundo exige, debe ser compensado de alguna forma. Y su compensación por lo general es una drogadicemia, es una química, es una sustancia. Mejor dicho, es un estilo de vida.

Yo he tenido pacientes que tenían su “homeópata”, el que los revisaba una vez al año. Aunque, prodigiosamente, todos los meses les mandaba la receta a través del fax. Porque estos “homeópatas” ni siquiera llevan registro de lo que están recetando –esto para deslindar responsabilidades por si hay quizá un allanamiento a domicilio. En realidad es el paciente el que se administra cuando se está quedando ya con la mitad del frasco para, “por Dios”, no llegar a quedarse sin ese remedio. Le administra, o mejor dicho, le suministra a través del fax la receta de lo que él alguna vez le dio, y pueden pasar uno o dos años de no ir a verlo aunque ese paciente sí le paga su visita periódicamente a través  de la forma paralela de un fax. O sea, el paciente paga una visita que no realiza; la está pagando mediante el expendio de una receta. En algunos casos se llega a tal punto de hipnosis que al paciente se le solicita que envíe por manuscrito su pedido; esto se hace como un acto seductivo porque, según el “homeópata”, a través de su letra, de su escritura, él puede determinar cuál es su condición  psicofísica.

De alguna forma esto lo tiene permanentemente muy seducido al paciente. Éste sabe que con eso es una persona que trabaja a full, que rinde a full. Y hasta está radiante. Pero él no se da cuenta del grado de compromiso o de dependencia química que así adquiere. Según el tiempo que lleven usando  estas medicaciones, la depuración o la desintoxicación de todo esto es muy dura porque principalmente hay que luchar contra la convicción íntima del paciente respecto a la eficacia de su médico: la persona se siente enamorada de la situación, o sea fascinada…

 

Al médico lo convierte en Dios…

Correcto…

 

El médico es Dios y lo convierte en Dios al paciente.

El médico fascina al paciente, lo subyuga, le da en un par de días lo que él quería: una forma de vida activa, una pérdida de peso  –pero una pérdida de peso principalmente a raíz de la pérdida de agua. Una pérdida de criterio, una pérdida de serenidad, una pérdida de naturalidad. Porque de alguna forma la persona que cree que está funcionando realmente normal, no está funcionando normal. Porque por un lado si le dan anfetaminas que aceleran su ritmo funcional en general, si le dan Diazepam para frenar lo que le desarrollan las anfetaminas, es por ejemplo como decir…

 

Cafeína para contrarrestar el efecto del Diazepam (Valium).

Y, es una forma de pisar el acelerador y el freno al mismo tiempo. Entonces, ¿qué pasa?: todo esto se ve potenciado por el uso de catárticos tipo fenolftaleína, que es una medicación que incrementa la pérdida de materia fecal. Estimula el tránsito intestinal, la persona asimila menos los alimentos que necesita porque tiene menos presencia en la cavidad intestinal para su manufacturación y su absorción. El paciente por supuesto defeca más frecuentemente pero no aumenta el volumen sino la frecuencia (aunque al final sí se pueden sumar los volúmenes). Entonces tiene menor asimilación y, por otro lado, con los diuréticos que le dan, se le incrementa la pérdida de peso a través de la pérdida de agua. Entonces una célula que debería tener en una determinada edad de la vida un 80% de agua, puede llegar a tener en cambio un 60%, lo que implica que, a través de la pérdida de agua, una persona de cien kilos pueda perder veinte kilos de la noche a la mañana  –y con todo el disbalance de su medio interno, de electrolitos, de elementos energéticos naturales que eso implica, porque el agua arrastra muchas cosas, no solamente agua.

Entonces el paciente tiene un acelerador y un freno, tiene un despertador y un adormecedor, por así decirlo. O sea, se le da un cóctel de drogas que aceleran y que disfrazan la aceleración, o que degradan y que disfrazan la degradación. Entonces ya se forma una dependencia orgánica tan fuerte que no sé si no es más fuerte que la dependencia psíquica hacia el objetivo logrado. Produce un estado realmente de fascinación el hecho de que en muy pocos días logran lo que fueron a buscar. Lamentablemente, la interconsulta viene ya en estados terminales y, obvio, al principio no hay nada que hacer porque el paciente está muy convencido de que lo que está haciendo es lo genial y lo bárbaro. Esto viene a raíz de la mala utilización de las anfetaminas, de la distorsión, de la tergiversación de medicaciones terapéuticas que tienen una justificada existencia dentro del circuito médico. Lo que pasa es que legislaciones inoperantes, ignorantes y tendenciosas, hacen que las medicaciones (quizás sin ser ellas las responsables) entren en un circuito de ilegalidad que no les pertenece.

 

¿Cuáles serían las cosas que hay que hacer para terminar con esta cadena de prescriptores de muerte?

Lo más grosero, lo más grotesco, corresponde a las instituciones de vigilancia y farmacovigilancia de un país. Eso es directamente proporcional a la calidad humana, a la moral y a la corrupción de un país en esa situación. En segundo lugar, una cosa que es todavía más pesada pero que estaría en un segundo plano, es la culturalización del individuo. En lo personal yo creo que en la parte geográfica donde nos ha tocado vivir la culturalización tiene un fuerte interés en el no desarrollo. Porque del no desarrollo de la cultura depende la manipulación del individuo. En tercer lugar, yo creo que una forma de cohibir todo estado de venta de esplendor y de vida radiante implica volver a las bases, a lo que es la vida natural, a lo que es la vida en equilibrio, a lo que es la vida y no lo que es la muerte.

 

 

 

 

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