A los 55, Julio César Payan de la Roche, lleva 30 años de médico y 20 haciendo Terapia Neural. Actualmente practica casi con exclusividad esta disciplina poco conocida en la Argentina, y canaliza su extensa erudición y experiencia en medicinas alternativas como  escritor: es autor del libro “La medicina biológica, una medicina no comprometida” y de diversos artículos  en revistas europeas y americanas. Durante el mes de entrenamiento que realicé en su Centro de Información e Investigación de Medicinas  Alternativas (CIMA) en Popayán, Julio César diariamente hizo una pausa para charlar con sus discípulos, pese a tener la sala de espera llena…

Reportaje: Jorge Kaczewer

“Sabemos que la medicina ortodoxa, oficial, la que se impone por gobierno, por estado, que se transmite a través de las facultades de medicina, la única que se enseña y la única que se acepta, es una medicina principalmente contraria. Contraria en el sentido de que para una diarrea se da un antidiarreico, para una tos un antitusivo, para la fiebre un antifebril y para un cólico un remedio para el cólico. Usamos antidiarreicos, antibióticos, antiespasmódicos, analgésicos. Podríamos decir que es una medicina guerrera, una medicina en la que el organismo tiene alguna manifestación llamada enfermedad y nosotros la tenemos que tapar. Si el organismo tiene una infección por bacterias, nosotros le tenemos que matar las bacterias. Eso es una medicina anti, yo la llamo guerrera. Por eso entre paréntesis, hay tanta relación entre el idioma guerrero y el idioma de la medicina. Nosotros en medicina decimos bomba de cobalto, gran reacción antígeno anticuerpo, gran mecanismo de defensa. Fíjate que se dice que el narcotráfico es el cáncer de la sociedad, entonces hay una relación guerrera en el idioma, en la semiología. Las medicinas alternativas, terapia neural, homeopatía, acupuntura, etc., no son medicinas anti, no son medicinas que van a bloquear esos mecanismos en que aparece el organismo, sino que estimulan sus mecanismos de autocuración. Esta es una característica de todas ellas, estimular, insisto mucho en esto, estimular los mecanismos de autocuración del organismo. Si alguien no entiende esto yo le diría que es hacer que el organismo produzca sus propios remedios.”

     “La Terapia Neural actúa así, estimulando determinados centros nerviosos del organismo, a los que uno llega por técnica e historia clínica, haciendo un acercamiento al paciente, y luego poniendo unos impulsos, que pueden ser tomados desde el punto de vista electromagnético positiva o negativamente por el organismo. Y se ponen en determinados puntos del sistema nervioso, a través de una sustancia que el organismo tome y pueda elaborar electromagnéticamente. Este tipo de sustancias se denominan dieléctricas: son los anestésicos al 1% sin epinefrina ni otros contaminantes, el agua de coco, el agua de mar profundo, la marihuana, el aire, todos son dieléctricos. Pero nosotros utilizamos únicamente la procaína al 1 %. Esta es introducida en el organismo mediante inyecciones en distintos sitios. Utilizamos agujas de diferentes longitudes dependiendo del sitio del organismo al que uno deba llegar, y se inyectan estas dosis muy bajas de procaína, es una concentración muy débil… Uno mediante la historia clínica hace el diagnóstico del posible sitio de irritación nerviosa que pueda tener el paciente y allí se coloca la inyección.”

 

MEDICINA REVOLUCIONARIA

Así define su especialidad no convencional un médico que alguna vez transitó lo más jerárquico de la ortodoxia científica de su país. Payan de la Roche fue profesor universitario, decano de la facultad de medicina y jefe del departamento de Obstetricia y Ginecología en la Universidad del Cauca. El hecho de haber tenido alguna representación burocrática a nivel nacional e internacional -fue investigador de dos laboratorios europeos líderes en el mercado farmacológico- contribuyó a que desarrollara su visión crítica acerca de la medicina ortodoxa. “Para mantenerse sanos, uno debería elegir su lugar de residencia en un sitio donde no haya un médico en un área de 5 kms. a la redonda.”-nos comentó con cierta ironía sobre lo dicho por su gran amigo chamán, que se refería a las posibles influencias telepáticas negativas de quienes no toman conciencia de este belicismo médico…

    “Nosotros tuvimos hace 20 años lo que yo llamo la roseola revolucionaria de la medicina, lo mismo que cuando uno recién comienza a leer a Marx o a Mao Tse Tung, entonces tiene la roseola revolucionaria y en cualquier esquina uno  se para y se hecha un discurso marxista o maoísta. Cuando uno encuentra estas medicinas le da a uno una roseola, una erupción, y uno quiere acabar con los otros médicos, uno dice que la otra medicina está equivocada, que al fin uno encontró la verdad, y le entra a uno esa lucha que va unida a la sangre joven, al asombro de encontrarse con un conocimiento que a uno la universidad se lo ha negado ;  pienso que esa no es una buena actitud,  creo que el problema de las medicinas no es de práctica ni es de herramienta, el problema es de concepción. Para mí  la medicina ortodoxa tiene una concepción buena, creo que en los hospitales todos los días ocurren milagros: eso de que le saquen a uno un apéndice que le va a reventar el estómago es milagroso, el que uno entre al hospital hinchado porque tiene una falla renal y le hagan una diálisis o un trasplante es milagroso, es válido. Pero lo que no le acepto es que se ha basado en algunos éxitos para volverse hegemónica, para ser la única aceptada oficialmente y para hacer de la ciencia un altar, una nueva religión en la que ella rechaza cualquier otro tipo de conocimiento, olvidándose de medicinas como la acupuntura china, que tiene 5000 años, que las medicinas indígenas y negras por lo menos en nuestro país han demostrado su validez histórica antes del descubrimiento de América, que el naturismo, la homeopatía, la terapia neural, etc. existen y curan mucha gente. Que  según estadísticas de la OMS en Europa en este momento cerca del 70% de la población se está haciendo ver con medicinas diferentes y que esta otra, que se ha institucionalizado, se ha vuelto cuasi religiosa, mantenga o quiera mantener esa hegemonía totalmente antidemocrática. Así que el problema no es contra el otro médico ni contra la ampicilina sino que la lucha es para nosotros ampliar nuestras fronteras de conocimiento y entender que al ser humano no lo podemos encasillar ni en una forma ni en la otra forma de ver, sino que nos tenemos que acercar al ser humano de una manera más amplia. Entonces yo diría que la lucha es tal desde un punto de vista humanístico, filosófico, ético, moral y político, no sólo desde un punto de vista estético, que es cuando uno dice: mi  aguja cura más que los antibióticos. Eso se queda en lo estético, que es válido también, es parte de esa lucha, pero tenemos que llevarla a esos planos del ser humano más profundos y por eso creo tan importante la visión filosófica, sociológica , antropológica, semántica, etc.”

 

INTERFERENCIA NEURAL

La terapia con anestésicos locales ocupa un lugar cada vez más importante entre los métodos alternativos en medicina. Alrededor de 1928 en Alemania, los hermanos Huneke la bautizaron “Terapia Neural”, sintetizando sus observaciones en un método excelente para tratar condiciones  en las que están involucrados trastornos funcionales, cuya relación causa-efecto no puede ser exactamente establecida por provenir de disfunciones regulatorias cibernéticas. Se utilizan inyecciones en los sitios exactos donde ocurren los síntomas, se actúa sobre las zonas dolorosas mediante inyecciones paravertebrales, o directamente sobre la cadena simpática y sus ganglios, y alrededor de arterias, venas y nervios. Si estas técnicas no son suficientes para conseguir una respuesta, debe asumirse que existe un “campo de interferencia neural”.

 

¿Cómo se genera un campo de interferencia neural ?

 

    “Un campo de interferencia es un campo de irritación contínua que tiene el organismo. Supongamos que uno de chico tuvo un golpe, en una pierna, un trauma, y puede quedar allí un sitio de irritación constante. Es como si a uno de chico, para poner un ejemplo, le dice alguien, tenés los ojos torcidos, pero uno no tiene los ojos torcidos, pero desde el momento en que alguien le dice eso, queda con un trauma, llamémoslo así, de no querer sus ojos, estarse viendo en todo momento a ver si se le van a torcer los ojos. A otra persona le puede decir, tenés los ojos torcidos y sencillamente lo ignora, se olvida. Eso sería desde un punto de vista mental. Pero desde un punto de vista físico también, según los estudios de Pavlov en Rusia a comienzos de este siglo, de Speransky, Vischñevsky, Spiess, de los hermanos Huneke, de Dosch, de todos los que hemos trabajado en esto, sabemos que el organismo puede recibir un golpe, un trauma, y no poder eliminar ese registro. Normalmente uno recibe un golpe, una cicatriz, y elimina ese registro. Eso sería una irritación de tipo físico, que puede dejar un campo de interferencia. Un campo de interferencia es una información que el organismo no ha podido eliminar. Las causas pueden ser también químicas, tóxicas o calóricas. Químicos, por ejemplo, la contaminación alimenticia y la contaminación ambiental a las cuales estamos expuestos continuamente, pueden dejar una irritación en el sistema nervioso, una información que no se puede eliminar. Tóxicos como en una enfermedad que uno ha sufrido, por ejemplo una diarrea intestinal, puede dejar una irritación en el sistema nervioso intestinal y allí iremos con la aguja a puntos específicos. El calor también, un choque eléctrico, incluso hay una asociación que la hemos visto nosotros entre el nivel físico y el nivel emocional. Una persona por ejemplo se luxa un tobillo o se lo fractura, y en ese momento siente gran miedo, ansiedad, entonces puede que el paciente posteriormente presente estados de ansiedad y de temor generados a partir de un trauma físico.”

 

A lo largo de mi entrenamiento contigo te escuché innumerables veces hacer referencia al efecto de la practica de la TN en la salud pública…

 

Yo siempre he creído y conmigo afortunadamente un buen numero de gente que se formó alrededor de una fundación que tenemos que se llama Fundación para la Comunicación Popular, FUNCOP, que hay dos niveles de hacer medicina: uno es el nivel individual, el cual lo hacemos en el consultorio, aún a nivel de un dispensario; y otro un nivel político, que es el que estamos ensayando nosotros. Wirchow, el famoso médico alemán y filósofo, decía que la política no es más que medicina a gran escala, de modo que nosotros hemos ensayado desde hace mas de 15 años esto. Así que tenemos por una parte un dispensario que funciona únicamente con Terapia Neural, es un dispensario a nivel público, aquí lo llamamos puesto de salud, que a nivel público, a nivel de servicio nacional de salud, es quizás el único en toda Latinoamérica que funciona de esa manera en este momento. Está reconocido por el sistema de salud colombiano, mas específicamente por el servicio de salud del Cauca. Esto nos ha ayudado mucho en nuestro accionar y tenemos una relación con la parte oficial. Pero al lado de eso nosotros hemos querido mover un sistema médico diferente en este país. Aquí entra a jugar su rol FUNCOP,  que es tratar de modificar el sistema médico, la concepción misma que se tiene de la salud pública. Nosotros hemos luchado mucho por esto y ese es uno de nuestros pilares de lucha política en donde algunos puntos claros que tenemos son que cualquier sistema de salud tiene que tener una amplia participación democrática, ciudadana. Los ciudadanos tienen que tener voz, voto y capacidad de decisión en los sistemas de salud que se implanten en nuestro país, estamos luchando por eso. Lógicamente para tener voz, voto y capacidad de decisión hay que tener conocimiento, información de que hay otros sistemas de salud, de que hay otras formas de ver la salud. De que la única forma de enfrentarse a la enfermedad no es únicamente con la medicina oficial, sino que desde el  mismo estado se debe brindar información a la gente de que hay otras formas de curación. En tercer lugar, como una consecuencia lógica de esto la gente debe tener acceso a cualquier método de salud, así sean no oficiales. Esto se ha ensayado en países como Alemania, entonces yo creo que si un argentino, un colombiano en un momento dado quiere ir donde un brujo, debe estar amparado por el estado para ir donde le de la gana, un brujo, un neuralterapeuta, un homeópata, un fisioterapeuta, un naturista, etc. Lógicamente la gente también tiene que tomar conciencia de el valor político que es la salud y que la salud debe estar unida a un gobierno limpio, a una no corrupción gubernamental, a un sistema de atención sanitaria básica, como son acueductos, alcantarillados, a un sistema de bienestar en educación, a un sistema de bienestar en vivienda, casi una utopía cuando los gobiernos son corruptos.

 

MEDICINA DE LA POLITICA

    “Tuvimos una experiencia muy grata, en un pueblo cercano a Popayán , llamado La Sierra. Es un municipio pequeño al que, por un convenio que hicimos con Salud Pública hace unos dos años, el Servicio de Salud envió un médico que practicaba Terapia Neural. El Servicio de Salud hasta  cierto punto quería evaluar cómo era esto en un pueblo. Nuestro médico fué, y resulta que en los primeros dos meses nos llamaron del Servicio de Salud porque las consultas habían disminuido. Es decir, la idea es que llegara un médico a hacer neuralterapia y que las consultas explotaran y aumentaran. Pero en los primeros dos o tres meses comenzó a disminuir la consulta. Entonces Salud Pública, como estaba evaluando, dijo: esto es muy extraño, ¿qué está pasando ? ¿Será que la gente no quiere ir donde las agujas?, ¿esta medicina no es para el pueblo ? Entonces cuando fuimos a evaluar encontramos que la consulta había disminuido pero era porque la consulta de ese puesto de salud se hacía como la de casi todos los puestos, basada en las gripes crónicas del niñito que iba tres o cuatro veces por mes por la misma gripe, la señora que iba con el dolor de cabeza, la señora que iba con el cólico menstrual cada mes, o el hombre que iba con el dolor de espalda o la artritis que había que estar chequeando cada 15 días, y resulta que comenzamos a ver que esos pacientes no habían vuelto a consulta porque se habían mejorado, entonces ya el niño no se enfermaba de gripe cada semana y no aumentaban  los índices de consulta ni el artrítico tenía que estar yendo cada 8 días porque se sentía mejor de su artritis y ya no consumía remedios. Entonces revisamos eso con Salud Pública y vimos que en eso consistía la disminución. Así que decidimos esperar y lógicamente, a los 4 o 5 meses la consulta se disparó impresionantemente. Pero todos eran casos nuevos. En cuanto al temor a las agujas, si acaso un 1% de la gente manifestó haberlo experimentado.”

 

AGUJAS FINALES

Vos estás dedicado además de tu actividad como médico en el consultorio y de tu trabajo como médico de la política, a formar gente joven en tu consultorio, de lo cual me siento muy agradecido porque he disfrutado mucho estas semanas contigo, y como estás ocupándote de la educación de los médicos jóvenes, me imagino que debés estar imaginando cómo va a ser el centro de salud del próximo milenio…

 

    “Tiene que ser, como decía hace un ratico, un centro que surja de la misma gente, es decir, la medicina tal como se ha manejado en América Latina y en casi todo el mundo, ha sido una medicina que crea problemas a la gente. En la medida que sale una nueva droga le descubrimos nuevos efectos colaterales y le creamos nuevas enfermedades a la gente. Nosotros somos unos especialistas en crearle nuevas necesidades a la gente. Estamos inmersos en una sociedad de consumo y la medicina no escapa a eso. Vamos a una comunidad y les decimos, ustedes necesitan un acueducto, una iglesia, una cancha de fútbol o un prostíbulo. Pero lo que yo imagino es que tiene que ser la gente la que hace su diagnóstico a conciencia de sí misma, no manejada por nosotros, y una vez hecho esto ella dice, necesitamos aquí un centro de salud, o no. Queremos educación, o una cancha de fútbol o un bar. Entonces en primer lugar tiene que surgir de esa participación democrática y con capacidad de decisión de la gente. Sabés que en Colombia como en Argentina y como en casi todos los países, un político hace un  centro de salud donde tiene votos, a ninguno se le ocurre hacerlo en el desierto, donde no los tiene. De modo que eso es crear necesidades y la medicina ha sido el gran bastón del poder. Entonces un centro de salud tiene que armarse con participación de la gente, nosotros hemos ensayado eso aquí, que la gente diga sí, me interesa, me gusta. Esto necesita una base educativa muy amplia. En segundo lugar, que los médicos que allí van a trabajar, tengan una concepción menos técnica, sea alternativa u ortodoxa, y más humanista. Si algo puede unir al médico ortodoxo al que se ha dado en llamar médico alternativo es su visión frente al ser humano, su visión humanista, su visión filosófica. Tiene que existir esa concepción para mantener esa integración con una comunidad, la que a su vez también tiene que comprender que la salud es un proceso dialéctico, político, biológico, social, es un proceso que tiene que ver con relaciones de producción  en una sociedad, y que entonces también toda la lucha de esa sociedad frente a lo político, habitación, servicios básicos, corrupción, tiene que ver con su ítem de salud, es decir, el pueblo no puede depositar su salud únicamente en el médico ni en ese puesto de salud que él ha hecho. El pueblo tiene que tener una concepción política. Algo hemos avanzado en esto en nuestro barrio y este año esto ha dado sus frutos : el barrio en el que trabaja nuestro puesto de salud está diciendo que ellos quieren diseñar su propio sistema de salud. De modo que son cosas que suenan utópicas, son utópicas, de mucha lucha, 15 años, y poco a poco se van logrando cosas.

En cuanto a los médicos que hacen alternativas, yo creo que tienen que conocer la ortodoxia, es importante que conozcan la fisiología, la química, que conozcan los últimos avances de la ciencia pero que no se encarcelen en ellos. El problema del conocimiento es cuando uno con el conocimiento forma barrotes y hace una cárcel de la cual no puede salir. La medicina, con su conocimiento ha  creado una cárcel y no acepta que fuera de ella hay otras bellezas, hay otros conocimientos. No hacer del conocimiento una cárcel sino algo que nos permita abrirnos a otros, como es la ciencia verdaderamente entendida, una ciencia revolucionaria, una ciencia que reconozca lo nuestro, que reconozca al indio, la multietnicidad que tenemos en esta América Latina. Así considero yo que se puede trabajar, es una cosa difícil, necesitaríamos medios de comunicación, pienso que como médicos alternativos nosotros tenemos que tener una muy buena capacidad de comunicarnos con la gente, de informar a la gente, porque también otro problema que hay aquí es la charlatanería médica y debemos estar alertas a todo eso.”

En la biblioteca detrás de su escritorio, Julio César Payán de la Roche guarda recuerdos y regalos de sus amigos y discípulos. Entre ellos está una estatuilla de Don Quijote de la Mancha, quizás símbolo y alegoría de la vida y el duro trabajo que se diseñó este médico colombiano. Pese a registrar su país el mayor índice de violencia política y social de América Latina, Payan se anima y nos anima a buscar formas de desarticular el gigantesco complejo médico tecnológico-industrial con un método simple y efectivo, que no implica gastos en medicamentos ni costosos aparatos para el diagnóstico; también como periodista y filósofo de pluma incisiva que no para de escribir, comunicar, informar. Su estatuilla del Quijote no empuña una lanza, sino una larga y fina aguja descartable…

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